domingo, 31 de julho de 2016

RBI, ética do trabalho e a dignidade do ócio


Fernando Savater, em mais um texto magnífico, em ElPaís (31-07-2016), mostra-se favorável ao Rendimento Básico Incondicional, como modo de evolução e melhoria da social-democracia (ainda que sublinhe a importância do contexto económico):

Considero que la idea de crear una renta básica universal que se asigne a todos los ciudadanos simplemente por serlo y no por sus competencias o logros laborales es la vía de superar, mejorándola, la socialdemocracia que hoy parece estancada o en retroceso. Obviamente no es un proyecto inmediato, porque exige bonanza económica y un replanteamiento general de las prestaciones de la Seguridad Social: choca además con el fantasma del gasto público desenfrenado, como se ha visto en el reciente referéndum en Suiza al respecto. No es este el lugar de debatir el asunto ni soy yo la persona indicada para hacerlo, sólo quiero señalar que entre sus acérrimos oponentes, junto a los reacios a la imaginación social (eso es lo mismo que intentó el comunismo, etcétera), están sorprendentemente algunos integristas morales. La renta básica es “inmoral”, porque equivaldría a retribuir a la gente sin necesidad de trabajar, pagarles por no hacer nada. Fomentaría la pereza que, como sabemos desde antiguo, es la madre de todos los vicios… exceptuando a los que exigen esforzarse para dañar al prójimo.

Contudo, o texto é muito mais do que uma reflexão sobre este instrumento político, antes incidindo, sobretudo, sobre a reproblematização da ética do trabalho e a valorização do ócio:

La ética del trabajo como salvación tiene muchos predicadores, no sólo en el mundo protestante, y no todos recomendables: aún recordamos al jefe de empresarios estafador cuyo mandamiento era “trabajar más y cobrar menos”. Otros no tan bribones parecen tomar sinceramente aquel ukase bíblico, “amasarás el pan con el sudor de tu frente”, por un precepto moral cuando en realidad es una maldición…, además de una guarrada. En una de sus páginas más celebradas, Sánchez Ferlosio nos recuerda que los términos que se refieren a la suspensión temporal de la laboriosidad vienen siempre acompañados por algún otro que los disculpa: una sana diversión, unas merecidas vacaciones, un descanso reparador, un ocio saludable, etcétera. Para que no escandalicen los oídos de los empleados, no los vayan a tomar por un elogio de la vagancia. En cambio, quienes sin aportar datos fiables aseguran funestamente que “en España hay demasiadas vacaciones”, o que “los españoles trabajamos menos que nadie y estamos siempre de parranda”, como creen algunos de nuestros vecinos del norte europeo, son escuchados con un suspiro compungido y algún que otro golpe de pecho. Sin embargo, la beatificación del trabajo ha contado a lo largo de los siglos con oponentes de peso. Aristóteles, por ejemplo, consideraba el ocio como requisito imprescindible para cultivar el pensamiento filosófico. Antes de que esta declaración refuerce a quienes consideran que la filosofía es una forma de perder el tiempo y por tanto debe ser suprimida de los planes de estudio, aclaro que ni Aristóteles ni nadie sensato han confundido nunca el ocio con la inacción letárgica. Lo que Aristóteles consideraba incompatible con la reflexión creadora eran las tareas meramente lucrativas y serviles…, aunque fuesen al servicio de uno mismo, el peor de los capataces.

Por lo demás, una cosa es ser trabajador y otra ser activo. Hay personas que trabajan mucho porque realmente no tienen nada que hacer: el trabajo les da la excusa perfecta para perder el tiempo y asegurar muy dignos que no cuentan ni con un momento libre para leer, jugar con sus hijos, crear un sistema metafísico o al menos enterarse de los programas políticos y las cataduras de los candidatos antes de votar. Los romanos, que no fueron precisamente célebres por su pereza, consideraban que la condición básica del ser humano es el otium, el ocio, y que su contrapartida negativa es el nec-otium, el negocio, que resulta su opuesto como la enfermedad es negación de la salud. Karl Marx no estaba del todo contento con que su yerno Paul Lafargue, un francocubano demasiado “caribeño” para su gusto, hubiese escrito El derecho a la pereza, un panfleto más legible que El capital (aunque a panfletista genial a Marx no le ganaba nadie), donde desacredita la ética de la laboriosidad y recuerda oportunamente que la voz “trabajo” viene del nombre de un antiguo instrumento de tortura. También nuestros clásicos hablan frecuentemente de pasar “penas y trabajos” y no precisamente recomendando la experiencia… Lo cierto es que el propio Marx, en aquella página utópica donde describe cómo el hombre liberado será agricultor por la mañana, industrial más tarde, arquitecto o pintor luego y poeta al caer la noche, realmente no está hablando del paraíso de los trabajadores sino de las perfectas y eternas vacaciones… Simone de Beauvoir inicia su reflexión ética contando una anécdota leída en Plutarco. Pirro, gran rey de Persia, le cuenta al filósofo Cineas sus planes imperiales: conquistará toda Grecia, luego África, Asia Menor, Arabia, India… “¿Y después?”, le pregunta Cineas. El rey suspira: “¡Ah, luego descansaré!”. “Entonces”, observa Cineas, ahogando un bostezo, “¿por qué no descansar ahora mismo, sin tanto trajín?”. Por su parte, un laborioso arrepentido, Bertrand Russell, escribió un Elogio de la ociosidad, donde afirma: “La técnica moderna ha hecho posible, dentro de ciertos límites, que el ocio no sea la prerrogativa de pequeños grupos privilegiados, sino un derecho repartido igualmente por toda la comunidad. La moralidad del trabajo es una moralidad de esclavos y el mundo moderno no tiene necesidad de esclavitud”.

Desde luego en la actualidad las vacaciones tienen serias contrapartidas negativas. Para empezar, como son simplemente el reverso de las jornadas laborales, no desmienten y triunfan sobre la necesidad del trabajo sino que la confirman. Por tanto, los millones de personas que no logran encontrar trabajo están condenados a una caricatura atroz y cutre de las vacaciones generales, lo mismo que las multitudes que se agolpan en las carreteras y aeropuertos cuando toca el éxodo veraniego tienen su reverso aciago en las desesperadas masas que huyen de dictaduras o guerras en busca de un futuro mejor. Pero lo peor de todo es que las vacaciones están sometidas a la pauta laboral por excelencia, que no es producir sino gastar. Ahí cumple una función avasalladora la falta de educación —¡otra más!— porque cuanto más inculta es la gente, más dinero necesita para rellenar el tiempo libre. Son como esos países que no crean ni patentan nada propio y que todo tienen que importarlo del extranjero. Por supuesto incluyo en esta nómina a los snobs, esos pseudocultos a los que sale tan caro impresionar al vulgo con su “buen gusto” ostentatorio. Conozco personas tan desasistidamente incultas que menos mal que son millonarios, porque de otro modo no sé cómo se las iban a arreglar… ¿Entonces? Pues nada, que nadie les prive de sus vacaciones ni tengan el menor escrúpulo en tomárselas y eso en cuanto puedan, aunque en el calendario las fechas no estén marcadas con tinta roja. Tómenselas a su modo, haciendo esas cosas tan valiosas que nadie retribuye, sea leerse las obras completas de Shakespeare, aprender a tocar la flauta dulce o mirar incansablemente el mar. No vendan ni uno solo de sus minutos y compren lo menos posible, pero sin agobios ni exageraciones. También hay cosas bonitas, aunque lo más bonito nunca sea una cosa. Váyanse, váyanse muy lejos, para lo que no necesitan siquiera salir de casa: viajen alrededor de su cuarto, como hizo Xavier de Maistre. Y a poco que puedan, háganme caso: no vuelvan jamás...


Serão, em Mateus



Nuno Ventura de Sousa foi um dos intérpretes de um belo e extenso recital de piano, esta noite, na Casa de Mateus. Chopin, nos estudos que a imagem documenta, mas, ainda, Beethoven, Fauré, Rachmaninov e Liszt foram os autores do repertório que preencheu o serão do concerto final da Mateus International Music Academy.

Escola ibérica da paz (na tv)


Pequenas preciosidades. Dar-se a conhecer, em televisão (hodierna), o que foi a escola ibérica da paz. Os seus principais cultores. Como debateram/interpretaram o que significa a dignidade da pessoa, no âmbito dos concretos conflitos que se estabeleciam: a ideia de império, a soberania dos povos indígenas, o estatuto dos índios. Quando a guerra pode (se é que pode) ser justa. Liberdade de circulação e suas motivações. Comunidade de pensamento. Influência sobre Imperadores. Raramente, um investigador (para mais, tão relevante) como o Prof.Pedro Calafate marca presença no pequeno ecrã. Por tudo isto, muito especial O princípio da incerteza, que esta noite passou na RTP3.

sábado, 30 de julho de 2016

Pontuando Julho


1.Na mais recente conferência-debate, do Ciclo de conversas Arte Ciência Cultura, em Mateus, o tema, A ética do rendimento básico incondicional, concitou a atenção de mais cidadãos do que o habitual nestes encontros, sendo de destacar a presença de gente muito jovem, intervindo e questionando. De entre as conclusões, e no que ao caso português diz respeito, a ideia de que o que havia a discutir, em termos filosóficos, sobre a matéria, está feito e agora urge passar à prática, averiguando, empiricamente, a (in) validade deste instrumento político, propondo-se, em uma primeira fase, que, por exemplo, uma autarquia aceite poder ser uma incubadora da experiência.

2.Gente jovem, e pouco frequente na presença no templo, tem aderido, curiosidade que a novidade - e espera-se que aí não se esgote - aguça, aos concertos que na Sé de Vila Real vêm tendo lugar, a partir do momento em que o órgão sinfónico passou a fazer parte da oferta cultural da cidade.

3.Não me recordo de suceder - ainda para mais, com a frequência com que se regista neste Julho de 2016: diferentes eventos culturais, com interesse, à mesma hora, em Vila Real. Fruto, é certo, de o concelho ser, também, Capital da Cultura do Eixo Atlântico. Talvez, por isso, sem a intervenção no sentido de uma regulação (magistério) positivo, no sentido da coordenação de diferentes acontecimentos, em simultâneo, de molde a proporcionar, a quem gostaria de marcar presença em actividades que acabam por concorrer, a possibilidade de não perder (algo que numa pequena-média cidade seria perfeitamente plausível de obter). Esta noite, em Mateus, o concerto (de piano) final da Academia de Música, às 21 horas - lá estarei. Ainda que o concerto do Teatro intercepte, em parte, dada a sobreposição de horários, tal iniciativa.

4.Iniciativa de registar aquela que levou ao Teatro Municipal - bastante bem composto, mas não esgotando a sua lotação - detidos do Estabelecimento Prisional local, participantes em um espectáculo de música e coreografia que envolveu, ainda, o Conservatório de Música Local. Como ainda não estamos na Noruega, a presença de guardas prisionais, a ladear o palco, foi ainda ostensiva, mas, em todo o caso, o modo apaixonado, muito entusiasmado como alguns dos intervenientes se deram transmitiu a todos os presentes a emoção da esperança que do palco emanava - ver esta reportagem da TVI24.

5.Curiosidades desportivas (a um dia da Volta a Portugal passar no concelho): a inspiração para a Volta a Portugal, nascida em 1927, com 40 ciclistas à partida e 20 à chegada, foi a volta, as etapas hípicas registadas no ano anterior e, por outro lado, o Tour de France a que o diretor do jornal (português) Sports tinha assistido quando estava em França, como soldado, na I Guerra Mundial.
No futebol, os cartões - amarelos e vermelhos -, estreados, apenas, no Mundial de 1970, tiveram num membro do Conselho de Arbitragem da FIFA inglês o seu criador: este, inspirou-se nos semáforos, nas suas cores e significados, para colorir dessa forma as cartolinas que passaram a ser advertências aos futebolistas, durante os jogos.

Fundamentos do Ocidente (a revolução cósmica cristã)


O meu objectivo principal foi o de chamar a atenção para a peculiar e radical natureza da nova fé naquele contexto: como foi enorme a transformação do pensamento, da sensibilidade, cultura, moralidade e imaginação espiritual introduzida pelo Cristianismo na era da Roma pagã; a libertação que ofereceu em relação ao fatalismo, ao desespero cósmico e ao terror em relação às potências ocultas; a imensa dignidade que conferiu à pessoa humana; a sua subversão dos aspectos mais cruéis da sociedade pagã; a sua (infelizmente apenas parcial) desmistificação do poder político; a sua capacidade de criar uma comunidade moral onde nunca antes tinha existido nenhuma; e a sua elevação da caridade prática sobre todas as outras virtudes (...) o meu argumento consiste, antes de mais, em afirmar que entre todas as muitas grandes transições que assinalaram a evolução da civilização ocidental, quer tenham sido convulsivas ou espirituais, houve apenas uma - o triunfo do Cristianismo - que pode ser apelidada no seu sentido mais pleno como uma «revolução»: uma revisão de amplitude verdadeiramente grande, e que se prolongou no tempo, da visão prevalecente que a humanidade tinha da realidade, de tal modo difusa na sua influência e vasta nas suas consequências a ponto de ter de facto dado origem a uma nova concepção do mundo, da história, da natureza humana, do tempo e do bem moral. No meu entender, devo acrescentar, tratou-se de um evento incomensuravelmente mais admirável quanto à sua criatividade cultural e mais exaltante na sua possibilidade moral do que qualquer outro movimento de espírito, vontade, imaginação, aspiração ou realização na história do Ocidente. E estou convencido de que, considerando a radical diferença entre o Cristianismo e a cultura que ele lenta e inexoravelmente substituiu, a vitória que acabou por obter foi um evento de uma tal improbabilidade ao ponto de colocar em causa os próprios limites da nossa compreensão da causalidade histórica [pp.9-10] (...) Para lá das suas observâncias rituais mais repugnantes [entre as quais a oferta de sacrifício de pessoas aos deuses], as religiões do Império [Romano] eram desprezíveis - a um grau muito elevado - principalmente pelo que não faziam, e de facto nunca consideraram que valia a pena ser feito (...) O culto pagão nunca foi mais tolerante do que na sua tolerância - sem quaisquer rebates de consciência - da pobreza, da doença, fome e falta de abrigo; dos espectáculos de gladiadores, crucificações, exposição de nascituros indesejados, ou da execução  pública de prisioneiros de guerra ou criminosos em ocasiões festivas; na realidade, de quase todas as formas imagináveis de tirania, injustiça, depravação ou crueldade. As seitas autóctones do mundo romano simplesmente não faziam qualquer ligação entre devoção religiosa e algo de vagamente semelhante a uma moral social desenvolvida. No máximo, a sua benignidade podia chegar ao ponto de oferecer hospedagem aos peregrinos ou partilhar refeições sacrificiais com os seus devotos; contudo, mesmo esses magros serviços eram raros e de natureza esporádica, e nunca corresponderam a nada como uma obrigação religiosa de cuidar dos que sofrem, alimentar os famintos ou visitar os prisioneiros. E nem sequer a autoridade do sagrado, na sociedade pagã, servia de alguma forma para mitigar a brutalidade da sociedade no seu todo - muito pelo contrário, na realidade - e seria difícil exagerar essa brutalidade (...) Tácito relata a história do assassínio de Pedânio Secundo em 61 d.C. por um dos seus próprios escravos, o que levou à aplicação do antigo costume de em tais casos dar a morte a todos os escravos da casa - um costume que implicou, nesta ocasião, a execução de aproximadamente quatrocentos homens, mulheres e crianças. É de louvar que tenha havido um considerável protesto público contra a morte de tantos inocentes, mas o Senado concluiu que os antigos hábitos deviam ser respeitados, até pelo exemplo que a matança iria constituir, e em nenhum momento do debate, ao que parece, foi invocado qualquer conceito de justiça divina ou de virtude espiritual (...) o que deve ser sublinhado é que a ordem social que era servida e sustentada pelos cultos imperiais tinha por base, não de modo acidental, mas essencial, uma crueldade difusa, implacável e polimorfa, e que rebelar-se contra tais cultos significava rebelar-se contra essa ordem (...) Foi somente porque aqueles espectáculos [luta de gladiadores] se opunham, por sua natureza, à fé cristã e eram contrários às normas da Igreja que eles foram finalmente suprimidos. Em si mesmo, isto marca uma enorme e irreconciliável diferença (e, necessariamente, um antagonismo) entre sensibilidades morais do Cristianismo e aquelas das religiões que este substituiu. Não nos deveria então surpreender nem perturbar demasiado a descoberta de que os cristãos de finais do séc.IV não estavam inclinados a concordar com Símaco que todos os caminhos religiosos conduzem à mesma verdade, dado que muitos desses caminhos podiam ser percorridos com bastante sucesso sem nunca se olhar para o lado para ligar as feridas de um estrangeiro em sofrimento, nem se interromper a marcha em sobressalto diante de bebés indesejados abandonados para serem devorados pelos animais selvagens, ou diante das atrocidades na arena ou das execuções em massa. Se, tal como os cristãos acreditavam, Deus Se tinha revelado como amor omnipotente, e se a autêntica obediência a Deus exigia uma vida de heroísmo moral, em serviço até a «um destes mais pequeninos», como é que os cristãos haveriam de olhar para a vida religiosa da maior parte dos pagãos, a não ser como uma coincidência bastante escandalosa de servilismo espiritual e insensibilidade moral? E como é que deveriam ter considerado os deuses de cujo poder Cristo os tinha libertado, a não ser como espíritos de conflito, ignorância, caos, destino e violência elementar, e cujos cultos e devoções estavam muito abaixo da dignidade de criaturas modelada à divina imagem?
No fim de contas, teremos entendido muito pouco acerca da cristianização do Império Romano se a considerarmos apenas como a história da substituição de um conjunto de devoções espirituais por outro conjunto de devoções espirituais, devido à «exclusividade» intransigente e cega destas últimas, ou se simplesmente imaginamos (tal como as pessoas modernas são particularmente propensas) que a religião é, por definição, uma questão de convicção «privada» e não uma ordem cultural, social, espiritual e política de valores, autoridades e ideais. O Cristianismo era, sem qualquer ambiguidade, uma revolta cósmica (...) [A emergência do Cristianismo resultou] na invenção de um universo inteiramente novo de possibilidades humanas, morais, sociais, intelectuais, culturais e religiosas. E quer estas novas potencialidades se tenham concretizado de imediato ou somente no decurso de séculos, elas nunca se teriam de todo apresentado à experiência humana se a antiga ordem não tivesse passado e se os deuses que a ela presidiam, lhe concediam uma espécie de brilho espiritual e lhe emprestavam uma forma e estrutura mítica, não tivessem sido reduzidos a um estatuto subordinado. A antiga e a nova religião representavam duas visões essencialmente incompatíveis da ordem sagrada e do bem humano. Elas não podiam coexistir indefinidamente e só um imbecil moral poderá lamentar sem reservas que das duas tenha sobrevivido a que sobreviveu. Os antigos deuses não inspiraram - e, por sua natureza, não o podiam fazer - a construção de hospitais e abrigos, nem fizeram do dar de comer aos famintos e dar de vestir aos nus um caminho de iluminação espiritual, nem promoveram um qualquer conceito coerente de dignidade intrínseca a cada ser humano; eles nunca poderiam ter ensinado os seus seguidores a pensar na caridade como a mais elevada das virtudes nem como uma forma de união com o divino (...) Deve também ser lembrado que os cristãos do Império não eram nenhuma tribo estrangeira que tivesse chegado ao mundo pagão a certo momento, carregada de espadas e de preconceitos colonialistas, e então se tivesse dedicado a erradicar sistematicamente as religiões autóctones de um povo alheio. Os deuses por eles rejeitados tinham também sido os seus deuses, os seus senhores de tempos passados. Se eles vieram a concluir que estes deuses não mereciam reverência e que os cultos destes deuses eram inerentemente irreconciliáveis com aquilo que a história de Cristo tinha neles despertado, seria demasiada presunção da nossa parte querer repreendê-los pela sua «exclusividade» ou «fanatismo» [177-181].

David Bentley Hart, Ilusões dos ateus. A Revolução Cristã e os seus adversários da moda, Frente e Verso, 2016, pp.9-10 e 177-181.

sexta-feira, 29 de julho de 2016

Memória (II)


A 29/06/2006 publiquei um novo texto, tendo por mote o discurso de Bento XVI em Auschwitz, no jornal Lamego Hoje:


Bento XVI em Auschwitz. O contraditório.       

Qual a responsabilidade do povo alemão na barbárie nazi? Para Bento XVI, o “povo” alemão foi “usado e abusado como instrumento” por “um grupo de criminosos”, que por vários modos usurpou do poder conquistado. Na visão do Papa, há, pois, uma destrinça fundamental entre o que foi a obra (da clique dirigente) nacional-socialista e o que (não) fez o “povo alemão”. O que o chefe da Igreja Católica promove é a absolvição, em absoluto, do povo alemão, ou o que pretende é evidenciar a manifesta diferença de responsabilidades entre este, e os líderes e executores nazis?
Uma tese que recusasse qualquer participação do povo alemão numa das páginas mais negras da história do Homem, faria, para mim, tanto sentido como igualar a sua responsabilidade à dos (comandos) nazis. Ou seja, não faria sentido nenhum. Por um lado, porque Hitler chegou ao poder em parte pelo voto, num momento em que também na Alemanha há muito prosperavam as ideias e práticas anti-semitas (para recuarmos apenas à Alemanha de finais do séc.XIX, leia-se, a título de exemplo, uma das Cartas de Inglaterra e Crónicas de Londres, de Eça de Queiroz, intitulada Israelismo, datando de 1880 a sua perplexidade sobre o comportamento para com os judeus de uma sociedade tão culta e civilizada, sábia e tolerante, como a alemã). O silêncio, cúmplice (como vemos, na já citada leitura de Vasco Pulido Valente ao texto do Papa), por parte da nação alemã, a acontecimentos como a Kristallnacht, a noite de cristal, onde não ficou pedra sobre pedra, vidro sobre vidro de lojas de judeus e em que muitos destes foram assassinados, aduziria à sua conta de pecados. Por outro, porque como demonstra Hannah Arendt (num texto publicado em 1945 em Jewish Frontier, sob o significativo título German Guilt, que se encontra compilado em Compreensão e Política e Outros Ensaios, editado pela Relógio D´Água, em 2001), onde todos são culpados ninguém pode, no fundo, ser julgado. A ensaísta judaica, mostra, pois, como a indistinção entre um alemão e um nazi fez parte da estratégia de propaganda nacional-socialista no imediato pós-guerra, desaparecendo, como que por osmose, com a derrota na frente de batalha, a fronteira que separava estes dois seres. O silêncio em volta dos rumores do impensável, tornou-se passagem obrigatória porque induzida pessoa-a-pessoa, pela máquina nazi. Se todos sabiam, todos eram cúmplices. E veio a emigração interior. Aquela em que só nós sabemos o que pensamos. A fuga ao exterior. À afirmação pública. Ao mundo. O único alemão bom era, então, um alemão morto. Entre os concretizadores, no terreno, das teorias raciais do nacional-socialismo, passou-se do pior que a sociedade produzira até então, para a busca de homens entre a burguesia, entre o desempregado sem horizontes e sem temor a Deus, consciência perdida, sem remissão, na integração na imensa máquina burocrática do nazismo, homem-massa a quem restava a família, por fim também ela coagida e ameaçada. 
Pese embora as palavras de Bento XVI autorizem a leitura da absolvição absoluta, e a consequente crítica a tal perspectiva não deixar de estar fundamentada, creio que até pela afirmada necessidade de ali estar, em Auschwitz, expressamente dita como acrescida em relação ao seu antecessor, por se tratar, agora, de “um Papa alemão”, encarnará algum sentimento de culpa pela pertença, “como filho”, àquele povo. O meu ponto vai, sobretudo, para uma compreensão não unilateral da questão: nem uma leitura que ilibe, sem mais, o povo alemão; nem outra, que permita confusão de papéis e igualitarismos sem nexo quanto a responsabilidades.
Mas será verdadeiramente importante aquilatar da responsabilidade específica, individualizada, de um povo (em concreto)? Como relata Arendt, no depois do nazismo, muitos alemães sentiam vergonha de o ser. A autora de A Condição Humana, preferia outra abordagem: tinha vergonha de pertencer ao género humano. Esta vergonha fundamental, hoje compartilhada por grande número de pessoas das nacionalidades mais diversas é a única coisa que nos restou (...)do nosso sentido da solidariedade internacional (...) Nada teve de agradável termos de enterrar a ilusão do bom selvagem após a descoberta do facto de que os homens podiam ser canibais. O que, então, Hannah Arendt põe em causa é algo que ainda hoje não deixará de nos fazer pensar: estamos dispostos a abraçar a ideia da existência de uma humanidade comum, e assumir as devidas consequências de tal acto? Talvez, acabemos, obrigados pela realidade, a concordar com o que se segue: os homens sentem instintivamente que há na ideia de humanidade, quer sob a sua forma religiosa quer sob a forma humanista, uma obrigação de responsabilidade colectiva que não desejam assumir. Porque a ideia de humanidade, uma vez desembaraçada de toda a sua carga sentimental, comporta uma consequência de peso no plano político: de uma maneira ou de outra, devemos assumir a responsabilidade de todos os crimes cometidos pelos homens, e os povos devem assumir a responsabilidade do mal cometido por outros povos. A vergonha de sermos seres humanos é uma expressão puramente individual, mais ainda não política, desta descoberta. De um ponto de vista político, a ideia de humanidade (...) é a única garantia que podemos ter a fim de evitar que as «raças superiores», alternadamente, se sintam obrigadas a exterminarem as «raças inferiores indignas de sobreviverem» ...
Claro que entre o tempo da escrita destas palavras e a sua ponderação actual, vai um período longo em que, apesar de tudo, cresceu o número de Estados democráticos, a liberdade e os direitos humanos foram ganhando terreno, a melhoria das condições de vida de várias populações um dado relevante, um conjunto de instituições transnacionais impuseram-se em contextos regional/global. A cidadania ganhou novos contornos, assumindo, não raramente, uma dupla condição: a pertença, nada negligenciável e primeira, a um Estado (seu), complementada com uma participação e intervenção sem fronteiras. O Direito criou novos mecanismos e espaços de acção. E, pessoalmente, creio-o bem, a esta dimensão criminosa que jamais podemos ignorar, há toda uma vocação de santidade, da qual com maior ou menor raridade, o Homem dá (deu) testemunho. Esquecer esta totalidade de que pode ser feito o Homem, é cair na ingenuidade ou no puro cinismo, consoante queiramos esquecer o seu potencial destruidor, ou o seu chamamento amoroso. Esquecimentos, ambos, trágicos...Nem assim, de modo algum, a leitura crua e lúcida atrás traçada perde importância: assumimos a Humanidade por inteiro? Pois isso...
Não abandono, está visto, em qualquer caso, a dimensão individual, subjectiva - já vamos ver que é isso da subjectividade para a responsabilidade - em favor de uma exclusiva consideração política, pois é neste primeiro reduto (subjectivo), que tudo começa por jogar-se. E faço-o para trazer à colação um outro autor judaico que importa aqui recordar, Emmanuel Lévinas. Para o filósofo francês, desde logo, a responsabilidade não é um simples atributo da subjectividade, como se esta existisse já em si mesma, antes da relação ética. A subjectividade não é um para si: ela é(...) inicialmente para outro(...) outrem não está simplesmente próximo de mim no espaço, ou próximo como um parente, mas que se aproxima essencialmente de mim enquanto me sinto – enquanto sou - responsável por ele.(...)O laço com outrem só se aperta como responsabilidade, quer esta seja, aliás, aceite ou rejeitada, se saiba ou não como assumi-la, possamos ou não fazer alguma coisa de concreto por outrem. Dizer: eis-me aqui. Fazer alguma coisa por outrem. Dar. Ser espírito humano é isso. Em Ética e Infinito, Levinas presume a não simetria da relação intersubjectiva. Neste sentido, sou responsável por outrem sem esperar a recíproca, ainda que isso me viesse a custar a vida. A recíproca é assunto dele (do outro). Precisamente na medida em que entre outrem e eu a relação não é recíproca é que eu sou sujeição a outrem (...) Sou eu que suporto tudo.
Ainda que as fórmulas do ensaísta nascido em Kaunas se nos afigurem extremas – sou responsável de uma responsabilidade total, que responde por todos os outros e por tudo o que é dos outros, mesmo pela sua responsabilidade (...) sou responsável pelas perseguições que sofro. Mas apenas eu! – ou utópicas, como o próprio reconhece, não deixarão, em todo o caso, de conformarem no plano do eu, o que Arendt reclamava no plano político, enquanto povo(s) e comunidade.
E como é aqui, na decisiva singularidade que somos, que tudo começa...(continua)

Silêncio

Relatório FMI


Quando o relatório do FMI, hoje conhecido, diz que o aumento das exportações pouco teve que ver com a troika, o que está a dizer é que não foi o corte em salários e em direitos que fez com que os resultados, ao nível das exportações, fossem os que foram.

quinta-feira, 28 de julho de 2016

Pré-época


1.Personalizado, com iniciativa, futebol positivo o Rio Ave de Nuno Capucho, em Praga, frente ao Slávia. Percebe-se que a equipa quer ter bola, troca-a bem entre os elementos do seu meio-campo, faltando, é certo, alguma explosão e alguém para finalizar - que não é Yazalde, muito aquém do exigido. Ruben Ribeiro (sobretudo), João Novais, Gil Dias (quando baixa, tendo um pé esquerdo de registo), Krovinovic, a que acresce Wakaso como um poço de força (embora sem a técnica que faria dele um grande jogador), ainda com o apoio dos laterais (em especial Rafa) fazem dos vilacondenses uma das equipas que melhor tratará a bola no campeonato. Veremos se encontrarão quem defina os lances para serem verdadeiramente perigosos.

2.Ao invés do Rio Ave, foi um Arouca muito pequenino aquele que jogou no campo do Heracles - que era tão estreante nas competições internacionais quanto os portugueses. Foi Bracali contra o mundo, e de uma possível goleada (de uns 5 ou 6-0) que o jogo justificou, os arouquenses saem, espantosamente, em vantagem para a segunda mão desta pré-eliminatória. Mas a jogarem assim, não chegam ao play-off.

3.Se se excluírem da pré-época jogos com equipas como o Osnabruck ou o Valadares, e se se contabilizar apenas os jogos televisionados, o Porto efectuou três jogos amigáveis. Surpreendente, em tão parco número de jogos, o número de vezes que se trocou o esquema táctico - como dominar bem um deles, se nenhum foi treinado, de modo repetido, em jogo, durante a pré-época? O mesmo se diga da insistência em jogadores em novas funções, sem que se perceba que contributo positivo possam oferecer, durante a época nos lugares que têm ocupado: Varela, a lateral direito, é o caso mais flagrante (mas muitas dúvidas me deixa colocar-se Layun a extremo ou médio-ala, ou até, frente a equipas que defendam bem, colocar-se Octávio, um bom jogador, a extremo, sem velocidade de ponta para o lugar, e flectindo para o meio, perfil, já, de outros médios-ala como Brahimi ou Corona). Os que achavam que Pinto da Costa havia dado poder a mais a Lopetegui quanto à gestão do plantel e contratações, o que dirão quando semanas depois do presidente do clube ter afirmado ao JN que as necessidades eram um central e um ponta de lança, se contrata unicamente um...lateral esquerdo por 6,5 milhões (depois de acionada a claúsula de um outro por valor semelhante)? Paulo Fonseca não podia jogar com dois médios centro,  José Peseiro usou essa fórmula e ninguém o criticou - Fonseca assinalava há dias isso mesmo - e agora, no mais conseguido jogo de pré-temporada segundo os expert de cá, foi assim que o Porto jogou e, segundo os mesmos, deve começar o campeonato (os dois médios de Fonseca eram Fernando e Defour; agora, foram Herrera e André...). O único extremo puro é arrumado - Hernâni é o único que consegue ganhar em velocidade aos defesas laterais contrários, sendo, depois, não raro, trapalhão; mas num plantel onde não existe verticalidade, a que falta intensidade de jogo, parece-me uma opção demasiado precoce. À direita, Maxi não oferece garantias, a não ser aos jornalistas. Não se entende como vai embora Victor Garcia para ficar Varela a suplente. Filipe jogou 3 jogos, 2 deles com erros monumentais (mas a gente ouvia os comentadores dizerem tratar-se de um craque, quando ele veio; como há um ano disseram de Pablo Osvaldo, sem se rirem e contradizendo-se depois, sem qualquer problema). Os jogadores da casa, no regresso da identidade, não passavam de promessas políticas para a hora (Rafa e Ramos já eram). João Carlos Teixeira, tendo bom toque de bola, não mostra intensidade e assim não se rompem defesas contrárias. Falta alguém diferenciado, na equipa. Com mudanças sucessivas, ao longo de anos, também difícil fica forjar um grupo unido para as tempestades da época. Se é verdade que é preferível não haver contratações a estas existirem sob pressão com resultados nefastos - Pizzis e Esnaiders, certamente caros e sem expressão desportiva - não deixa de ser espantoso que se parta para os últimos 15 dias antes de jogos a valer com um plantel tão mediano, tão falho de soluções, tão desequilibrado, Ou chegam três ou quatro jogadores para entrar de imediato no onze - como havia sido prometido por Pinto da Costa -, e então alguma coisa se terá aproveitado nesta longa espera -, ou então o Porto não só parte em 3º lugar, como será praticamente impossível que chegue ao final da época noutra posição. Extremos nada, ponta de lança sem garantias absolutas, centrais sem qualidade, nenhum médio criativo de nível máximo. Para os que gostam de protestar, fazer esperas e muito foguetório, deve dizer-se que os únicos lamentos com futuro são os de Julho/Agosto.

4. João Ricardo Pateiro, autor de relatos futebolísticos radiofónicos que gosto de ouvir (fora as canções foleiras na altura dos golos), escreveu em OJOGO, no Domingo passado, que se Lopetegui for campeão do mundo, pela selecção de Espanha, tal não se ficará a dever a ele, mas será apesar dele. Em primeiro lugar, julguei que Lopetegui era tão mau que jamais alguém se lembraria de imaginar sequer vê-lo campeão do mundo. Depois, se um dia fosse campeão do mundo, Lopetegui acrescentaria ao currículo de campeão da europa de sub19 e campeão da europa de sub21. Ou seja, um treinador seria campeão da europa em dois escalões diferentes, mais um terceiro título internacional em seniores, e em nenhum dos casos teria mérito algum. Se sairmos deste tipo de avaliações do comentariado local, é com gosto que ouvimos um dos mais prestigiados jornalistas desportivos em Espanha dizer na Cadena SER que o Porto de Lopetegui tinha um estilo próprio, dava gosto ver jogar na Champions (como disse Ramón Bessa); lê-se com agrado Diego Torres escrever em ElPaís que nos 16 jogos que fez na Champions, Lopetegui é o terceiro técnico espanhol com melhor percentagem de vitórias (só atrás de Guardiola e Luis Enrique) e que os críticos de cá foram demasiadas vezes "demagogos"; regista-se que o diretor do AS em editorial considerou Lopetegui a melhor escolha, meses depois de Del Bosque se ter pronunciado em sentido idêntico. Não vale a pena prosseguir. Num espaço público desportivo no qual Scolari é considerado treinador (ou, para disfarçarem, psicólogo...que o digam os sobrexcitados brasileiros a jogarem o mundial em casa), Lopetegui está entre os piores do mundo.  Mas se o é, porquê tanto medo de que venha de novo a triunfar?



Livros

Lá como cá


A mais recente edição do Panorama BBC (em modo sicn) evidenciava como a universalidade das consequências de praxes académicas, sem o menor respeito pela dignidade da pessoa, ultrapassa, em muito, qualquer confinação a um dado espaço territorial próximo: 22 mortos, em resultados de praxes nas repúblicas universitárias norte-americanas, nos últimos 8 anos, segundo aquele programa. As mesmas descrições de abusos, de temeridade nas ditas 'brincadeiras', a mesma opacidade e segredo a quando das investigações, o mesmo desprezo pela integridade física e psíquica dos iniciados, tudo como no quartel general de Abrantes, talvez com excepção do espírito de seita secreta para toda uma vida, com influência política ou benefício na procura de emprego, que a 'fraternidade' americana proporcionará e que por aqui não se vislumbra. Fora isso...

Os fundamentos do Ocidente (ciência)


Que Galileu tenha sido forçado a renunciar à teoria coperniciana e a terminar os seus dias confortavelmente confinado a uma quinta nas colinas em redor de Florença [ainda se encontram pessoas com formação que acreditam que Galileu foi torturado pela Inquisição romana ou feito prisioneiro nas suas masmorras] causa, sem dúvida, um certo embaraço, mas não pelo que isso nos diz quanto à relação do Cristianismo com a ciência. Uma única ocorrência de miopia institucional e dissensão interna, totalmente anómala no conjunto de todo o percurso da relação da Igreja Católica com as ciências naturais, nada revela de significativo acerca da cultura cristã como um todo, mas apenas demonstra como um conflito entre homens de um egotismo titânico se pode tornar idiota. Este caso constitui um embaraço, mais do que tudo, porque, ao servir para algumas pessoas como um epítome conveniente de uma supostamente mais vasta verdade acerca do Catolicismo ou do Cristianismo (apesar de ser o único exemplo notável dessa verdade que podem aduzir), tendeu a obscurecer a muito mais significativa realidade de que, nos séculos XVI e XVII, cientistas cristãos formados em universidades cristãs e seguindo uma tradição cristã de especulação científica e matemática derrubaram uma cosmologia e uma física pagãs e chegaram a conclusões que teriam sido inimagináveis dentro dos confins das tradições científicas helenísticas. Pois, apesar de toda a nossa vaga conversa acerca de uma «ciência» antiga ou medieval, pagã, muçulmana ou cristã, o que queremos hoje dizer com o termo ciência - os seus métodos, os seus princípios reguladores e orientadores, o seu desejo de unir teoria e descoberta empírica, a sua confiança num conjunto unificado de leis físicas, e assim por diante - só veio à luz, por algum motivo, e mal ou bem, dentro do Cristianismo e às mãos de crentes cristãos. (...) Para que não o esqueçamos, o nascimento da física e da cosmologia modernas foi obra de Galileu, Kepler e Newton, que romperam não com a prisão constrangedora da fé (os três eram todos cristãos com uma variável adesão da fé), mas sim com o tremendo fardo da autoridade milenar da ciência aristotélica. A revolução científica dos séculos XVI e XVII não foi uma restauração da ciência helenística, mas a sua derrota definitiva.

David Bentley Hart, Ilusões dos ateus. O cristianismo e os seus adversários da moda, pp.98 e 106.

Lei de Moore


Lei de Moore: o poder dos computadores duplica, sensivelmente, a cada 18 a 24 meses.

quarta-feira, 27 de julho de 2016

O padroeiro dos estadistas



Paul Scofield representa, magistralmente, um Thomas More inteiro, de uma integridade inabalável, hábil, diplomata, subtil, eticamente exemplar. O filme de Fred Zinnemann, A man for all seasons (Um homem para a eternidade, na tradução portuguesa) faz luz sobre o magistrado, filho de um juíz, presidente da Câmara dos Comuns, diplomata ao serviço do rei, homem devotado à família, chanceler que confrontado com um Henrique VIII em ruptura com a Igreja Católica, pretendendo obter divórcio para voltar a casar, e não obtendo anuência da Igreja se torna o líder dos anglicanos. Morus abdica do múnus que não solicitara; cargos, honrarias e tributos não são o que o move; se puder, afastar-se-à da forca - "não tenho vocação para mártir", diz à mulher. Não se trata de um tolo, um ingénuo, apenas uma bonomia natural: o bem, em si, advém de uma profundíssima convicção, de uma ligação a Cristo. Não se deixará apanhar em nenhum processo judicial fair, quando o rei quer juramento acerca da bondade de novas núpcias. Mas o cerco do poder, com todos os filibusteiros ao seu serviço, levará a que a sua cabeça seja alvo de um machado, já depois da despedida da família - à qual diz que há alturas em que não há outro remédio que não o de se ser herói, embora de todo o quisesse: mão esquerda não olhes a tua mão direita -, encarcerado na Torre de Londres, na qual resiste a todas as tentativas de humilhação, utilizando de humor, e sabendo que há coisas que não estão na disposição do homem, e que o poder político deve confrontar-se com leis eternas. Um filme que furtando-se a fáceis clichés, consegue, ao mesmo tempo, apresentar a clareza moral do biografado, a essência de uma relação de amizade, os dilemas do poder eclesiástico, escolhas duras mas determinantes para se saber o que cada um é. Num filme em que também participa Orson Welles, na posição de cardeal Wolsey. No ano 2000, e a solicitação de várias famílias, João Paulo II estabeleceu Thomas More padroeiro dos artistas, quando já seus predecessores, desde o século XIX, com Leão XIII, o haviam beatificado e canonizado.

Os fundamentos do Ocidente (liberdade)


Para o padre Jacques Hamel, um homem que morreu, no séc.XXI, na Europa, por ser cristão (católico)


É preciso não esquecer que o conceito de liberdade, assumido como óbvio pela maior parte de nós e que é provavelmente a «ideia» central da modernidade, tem uma história. De acordo com a concepção mais clássica desta questão, fosse pagã ou cristã, entendia-se a verdadeira liberdade como algo inseparável da própria natureza: ser verdadeiramente livre equivalia a ter a possibilidade de realizar a própria «essência» e, assim, desenvolver-se como o tipo de ser que se é. Para Platão ou Aristóteles, ou para autores cristãos como Gregório de Nissa, Agostinho, Máximo, o Confessor, João Damasceno ou Tomás de Aquino, a verdadeira liberdade humana corresponde à emancipação em relação a tudo o que nos impede de levar uma vida segundo a virtude racional, ou de fruir por completo da nossa natureza; e, entre as coisas que nos constrangem, contam-se as nossas próprias paixões sem freio, o nosso abandono consentido aos impulsos momentâneos, as nossas escolhas insensatas ou perversas. Nesta ordem de ideias, somos livres quando alcançamos o fim para que se orienta a nossa natureza mais íntima desde o primeiro momento da existência, e tudo o que nos separa desse fim - mesmo que provenha da nossa vontade - é escravidão. Tornamo-nos livres, assim sendo, de um modo semelhante a como o escultor «liberta» a forma do mármore (na imagem de Miguel Ângelo). Isto significa que somos livres não apenas por podermos escolher, mas somente quando tivermos escolhido bem. Uma escolha errada, por insensatez ou maldade, que contrarie a nossa natureza e distorça a nossa forma, significa tornar-nos escravos do transitório, do irracional, sem objectivo ou, dito com precisão, do que é infra-humano. Para escolher bem, devemos ver de modo cada vez mais claro o «sol do Bem» (para usar a bela metáfora platónica), e para ver de modo mais claro temos de continuar a escolher bem; e quanto mais nos libertamos da ilusão e dos caprichos, tanto mais perfeita se torna a visão e, na realidade, menos há para escolher. Vemos e agimos num único movimento unificado da nossa natureza em direcção a Deus ou ao Bem; e, à medida que avançamos, descobrimos que o afastamento dessa luz é manifestamente cada vez mais um defeito da nossa mente e da vontade e algo cada vez mais difícil de fazer. Por isso, Agostinho definiu o estado mais elevado da liberdade humana não como «ser capaz de não pecar» (posse non peccare) mas como «ser incapaz de pecar» (non posse peccare): uma condição que reflecte a bondade infinita de Deus, O qual, uma vez que nada O pode impedir de realizar perfeitamente a sua própria natureza, é «incapaz» do mal e, assim, é infinitamente livre.

David Bentley Hart, Ilusões dos ateus. A revolução cristã e os seus adversários da moda, pp-46-47.


Rigidez


1.Se Bagão Félix lembrava, há poucas semanas, no seu comentário da sicn, a dívida como elemento mais estruturante do que o défice, e (elemento esse) também presente no Pacto de Estabilidade e Crescimento, não sendo actualmente cumprido por uma série de países, entre os quais a Alemanha (já para não falar na relação entre défices e excedentes comerciais no interior da zona euro), Eduardo Paz Ferreira assinala, em Por uma sociedade decente, a contradição entre os que entendem que nenhuma margem de abertura, de flexibilidade deve existir no cumprimento do que está fixado no PEC e, simultaneamente, a quando de decisões do Tribunal Constitucional, nos últimos 4 anos, incidindo sobre normas inscritas no Orçamento de Estado, consideravam a sua interpretação "muito rígida". Uma variante de uma máxima conhecida: rigidez sobre si é democracia, rigidez sobre mim é ditadura.

2.Uma vantagem de não se pertencer a claques - e como ontem estiveram activas nas redes sociais, quando conhecidos os números (parciais) das contas públicas! -, é não embarcar na lógica assente em dicotomias hiperbólicas, entre a suposta heroicidade de quem gere melhor as contas, e a catástrofe total que estas espelhariam necessariamente. Como hoje o Público explica, não há motivos para euforias, nem depressões, ou, se se preferir, os números conhecidos não garantem nenhum dos resultados previstos (e em muitos casos esperados) pelos apaniguados de ambos os sectores. Ou, como Jorge Braga de Macedo, de modo insuspeito assinalava na Rtp3, a dimensão financeira prima, em Portugal, no que às preocupações diz respeito, sobre a questão orçamental. Ainda que sejam certas duas coisas importantes: a) a ausência de investimento público coloca os partidos à esquerda numa posição embaraçosa - dado que este diminui muito face ao último exercício, então muito criticado neste aspecto; b) se o modelo de devolução de rendimentos, para lá da sua justiça intrínseca - ainda que uma devolução que poderia ser realizada em um espaço temporal não necessariamente coincidente com aquele que foi adoptado -, seria o propulsor do crescimento económico, a realidade é que tal não se observa nos registos ora verificados (que incluem, aliás, uma ausência de poupança bastante assinalável, e a procura de bens importados). Se o investimento público teria papel importante. na lógica de tal modelo, para o aquecimento económico (pretendido), importaria explicar porque este foi tão recuado e se, face a isso, o modelo assentou em pressupostos que agora se consideram ainda válidos (mas, desde logo, como sabemos, sujeitos a reparos do Conselho de Finanças Públicas). É que fomos também tendo notícias de que, há poucos meses, o Governo decidiu consultar as empresas e tentar perceber o que pretendiam, no sentido de ser favorecido o investimento privado. Há, pois, problemas de fundo aqui a debater, entre uma lógica de um acento na competitividade, mas que tende a tornar erodidos os direitos laborais e a colocar em causa a robustez do Estado Social (e ainda depois de muito se ter mexido com as relações laborais, nenhuma explosão de investimento se ter observado), e uma outra que proclamando outra preocupação social não mostre alcançar resultados que tornem duradoura a operatividade da reposição da justiça social. Não me parece minimamente adequada à realidade a asserção de Medina Carreira quando afirma que não se percebe nem discute porque é que em média o país cresceu 0% em cada ano dos últimos 15 - vasta, mas contraditória, é certo, como em democracia seria expectável, a literatura publicada sobre o tema (para além dos debates mediáticos sobre o assunto). O enfatizar da componente da oferta, ou, ao invés, da procura, a nível interno tem separado os campos ideológicos, tal como a dimensão exógena, ou endógena, como principal factor para os nossos bloqueios. Nos países nórdicos, evoluiu-se para a flexissegurança com vista a compatibilizar o melhor dos dois mundos, e temos, com efeito, populações, em alguns destes países, que são das mais favoráveis à globalização, no planeta. Por cá, as propostas que foram empregando tal expressão estavam, com efeito, a utilizá-la sem que a dimensão da rede de protecção (segurança) estivesse salvaguardada. Braga de Macedo aludia, esta segunda-feira (num programa que espera-se que prossiga, porque foi bom serviço público), à problemática da estagnação estrutural, aportando dados da mais recente investigação internacional acerca da temática, como resultado da ausência de uma estrutura de coordenação a nível global, dada a interdependência das políticas (p.ex., taxas de câmbio: a decisão de um país afectar, necessariamente, outro, e daí as questões de competitividade entre eles mexida de forma unilateral, pelo poder político de um dos lados). Voltei a lembrar-me da Caritas in veritate. Mas, segundo aquele Professor de Economia, pelo menos na UE essa coordenação, e um plus político, deveria ocorrer. Em realidade, há quem considere, creio que não sem razão, que dificilmente se poderá ser social-democrata a uma escala puramente nacional (poder pode-se, mas sem demasiados efeitos concretos na realidade das políticas). E, mesmo na luta política portuguesa, terminámos a legislatura anterior com todos os partidos de acordo, por exemplo, quanto a estabilizadores automáticos à escala da União (embora quando António José Seguro o sugeriu inicialmente...tenha sido o diabo).

terça-feira, 26 de julho de 2016

Os fundamentos do Ocidente (dignidade humana, justiça social)


A modernidade não é simplesmente uma condição «pós-religiosa»; é o estado de uma sociedade que foi especificamente cristã e que «perdeu a fé». Os pressupostos éticos intrínsecos à modernidade, por exemplo, são fragmentos mitigados e ecos inquietantes da teologia moral cristã. Até mesmo os mais ardentes laicistas de entre nós habitualmente se mantêm fiéis a noções como os direitos humanos, justiça económica e social, providência para os indigentes, equidade legal ou dignidade humana básica que a cultura pré-cristã ocidental teria considerado não tanto como estultas, mas como ininteligíveis. É simplesmente um facto que nós, filhos distantes dos pagãos, não seríamos capazes de acreditar em nenhuma destas coisas - elas nunca nos teriam ocorrido - se algum dia os nossos antepassados não tivessem acreditado que Deus é amor, que a caridade é o fundamento de todas as virtudes, que todos nós somos iguais aos olhos de Deus, que deixar de alimentar os famintos ou de cuidar dos que sofrem é pecar contra Cristo e que Cristo entregou a sua vida pelos mais pequenos dos seus irmãos.

David Bentley Hart, Ilusões dos ateus.A revolução cristã e os seus adversários da moda, Frente e Verso, Braga, 2016, 56.

Inimigos pela paz



Interessante o documentário que a RTP2 passou este fim de semana - produzido pela televisão francesa -, revisitando a relação entre Nélson Mandela e FW de Klerk e como ela determinou, em boa medida, a África do Sul pós-apartheid. De um modo sintético, diríamos que o documento ora em presença nos propõe o modelo amor-ódio para caracterizar a relação. De Klerk assume que em 1971 considerava o apartheid o regime adequado ao seu país. Mas, uma década depois, já nele vislumbra um modo de institucionalizar uma discriminação (política, económica, social) da população negra. Em realidade, a queda do muro de Berlim contribuirá para que a abertura que De Klerk promoverá seja aceite pela minoria branca: o papão comunista, vinculado ao ANC, deixa de existir. Ademais, o país está numa situação bem periclitante tanto a nível económico, quanto explosiva em termos de relacionamento entre cidadãos do mesmo país: a guerra civil está aí como ameaça. Para além, da difícil sustentação internacional de um regime pressionado por todo o mundo. De tal forma que, esse mesmo mundo, em 1993, é interpretado pelo comité Nobel que decide atribuir o Prémio Nobel da Paz em conjunto a Mandela e de Klerk, incentivo à pacificação sul-africana. E, no entanto, tal atribuição cai mal em diferentes sectores do ANC, Mandela tem que escolher entre a recusa do prémio, ou aceder a recebê-lo a dois. A dimensão institucional tem que superar o sentimento pessoal. As palavras, no discurso de agradecimento são de cortesia. Por outro lado, de Klerk não sente devidamente reconhecido o seu papel histórico. Quando os dois dirigentes vão à varanda, uma multidão, cá fora, rejubila com Mandela e apupa de Klerk. Ao jantar, sem câmaras, Mandela dará conta, em tom exaltado, das tropelias do Partido Nacionalista. Diga-se que De Klerk, pressionado pela ala mais conservadora, consultara a minoria branca se aprovava o processo de abertura tendente ao fim do apartheid que promovera: 2/3 dos que votaram responderam que sim.
Mesmo antes de sair da cadeia, Mandela encontra-se 48 a 50 vezes por semana, com negociadores do partido seu adversário e, na primeira vez que se encontra com o Presidente, este último fica impressionado com o seu porte, a sua presença (Mandela que havia sido educado para ser líder dos Thumbus). Nas longas negociações, a situação social será complicada, com os serviços de inteligência e patentes militares a semearem a discórdia entre comunidades e partidos que representavam a maioria negra da população, com mais mortos a verificarem-se entre 1989 e 1994 do que em todo o período do regime do apartheid. Mandela acusa de Klerk de estar por de trás deste semear de divisão, no que é visto como forma de pressão política. Mas também haverá desconfiança pessoal, acusações de traição. A relação passa por vários momentos em que é desfeita e refeita, composição e decomposição, que passam, inclusive, quando finalmente há eleições e a vitória do ANC é estrondosa, com mais de 60% - um dia que de Klerk recordará com emoção -, e se forme um governo de unidade nacional com de Klerk a fazer parte do gabinete do novo PM, que as zangas voltem a ser virulentas. Por entre um affaire amoroso e a discórdia política, de Klerk sai - e leva o seu partido - do governo. Mas no seu septuagésimo aniversário, Mandela faz um discurso no qual reconhece o seu papel histórico, acabando abraçados. Uma relação complexa, de desconfianças, acusações de traição, no fio da navalha, que humaniza mais, nas suas fúrias, do que os bem-intencionados retratos angelicais que se distanciam demasiado do fervilhar quotidiano. 

segunda-feira, 25 de julho de 2016

Memória


Nesta semana em que terão lugar as Jornadas Mundiais da Juventude, na Polónia, com o Papa Francisco a visitar Auschwitz em silêncio, recordo o que escrevi há mais de 10 anos, quando outra visita, a do Papa Bento XVI, e o discurso que então pronunciou no que fora o lager da vergonha foi objecto de ampla discussão pública. Fica, pois, a minha crónica de 22-06-2006 no Lamego Hoje:


Bento XVI. Em Auschwitz.  

No discurso proferido a 28 de Maio de 2006, na visita efectuada ao campo de concentração de Auschwitz-Birkenau, Bento XVI voltou, felizmente, a inquietar os espíritos. E a ser discutido. Virulentamente criticado (veja-se, por todos, Rui Tavares e Vasco Pulido Valente, Público, 3 e 4/06/06, respectivamente) e enfaticamente aplaudido (por todos, João Bénard da Costa, Público, 4/06/06).  
Li também, com a maior atenção e interesse, as cerca de três substantivas páginas que compuseram a subjectividade do olhar Papal germânico sobre o lugar do horror (já disponíveis na íntegra e também em português no excelente sitio do Vaticano: www.vatican.va).
Percebera já em Deus Caritas Est, a primeira encíclica deste pontificado, que na dissertação do líder católico tudo estava arrumado, em su sítio, como numa encíclopédia (peço a comparação de empréstimo a Frei Bento Domingues, se bem que valore de modo bem mais positivo esse facto, do que me pareceu fazê-lo este autor, no comentário ao primeiro texto fundamental de Bento XVI). Cada palavra pesada. Explicada. Interpretada. Um texto de grande densidade, muito fundamentado do ponto de vista histórico/filosófico, etimológico/conceptual, de uma clareza cristalina. Isto, se quisermos, de um ponto de vista estético. De um ponto de vista ético, quanto ao conteúdo/mensagem, a assumpção de que uma das acepções de amor, o eros, comporta uma dimensão carnal, tida como um dos fundamentos de um amor completo - “Se o homem pretendesse ser apenas espírito e quisesse afastar a carne como se (esta) fosse uma herança meramente animal, espírito e corpo perderiam a sua dignidade”, sendo que “Se pelo contrário, repudia o espírito e portanto considera a matéria, o corpo como realidade exclusiva, malogra igualmente a sua grandeza”; “Só quando alma e corpo se fundem verdadeiramente numa unidade, o homem é plenamente ele” – ainda que a marca de novidade cristã, neste domínio, seja o agapé - o amor que deixa de ser egoísta e se centra no outro, o amor que “já não se busca a si mesmo, não se some na embriaguez da felicidade, antes anseia melhor o bem do amado: converte-se em renúncia, está disposto ao sacrifício, mais ainda, à busca” - fez-me entender que a sua resistência ao tempo, de que o repúdio do relativismo moral era vivo exemplo, significava agora que a (sua) tão glosada ortodoxia enquanto Ratzinger (certamente não sem razão por parte dos críticos, dentro e fora da Igreja; estou lendo a sua obra, guardando, pois, por ora, juízo sobre tal adjectivação) daria lugar a infirmações de tais proclamações a propósito de Bento XVI (este descomplexado e, digamos assim, nada moralista entendimento e valorização do lado carnal, no amor, suplantando platonismos ou cartesianismos, porventura demasiado estreitos, é disso indício).
Sabendo que nada viria, pois, ao acaso, entrei pelo discurso proferido em Auschwitz, anotando, desde logo, as três citações bíblicas feitas pelo Santo Padre: duas dos Salmos; outra do Deutoronómio. Extensas e decisivas na compreensão do texto, as transcrições dos Salmos (com que, ademais, se encerra a meditação papal). Querendo isto dizer alguma coisa, o que significava, afinal? Os Salmos devem ser lidos e compreendidos como o lugar do diálogo com um Deus ao mesmo tempo acessível e temeroso (...) O coração dos Salmos é o da familiaridade sublime de um Deus que se deixa convocar, suplicar, não como Deus da justiça e da cólera, mas já como um Pai que nos conduz pela mão e sustenta com a sua direita. O louvor que lhe é devido é íntimo reconhecimento não apenas, ou antes de tudo, do Criador do Céu, da lua, das brilhantes estrelas (...)mas d´Aquele que fala na nossa fala, que é mais íntimo a nós mesmos que nós mesmos como diria mais tarde Santo Agostinho” (Eduardo Lourenço, num comentário aos Salmos, a que chamou O Canto de Deus, numa edição, com diferentes autores a comentarem os vários livros que compõem a Bíblia, da Três Sinais Editores, em 2001). Se atentarmos nesta pré-compreensão da essência salmista, verificaremos do rigor da escolha papal, na precisão do verbo enxertado no praticamente indizível e incomunicável, e partiremos em busca do alcance da palavra metódica de Bento XVI, sem cabeças e corações frios (Bénard da Costa). Uma das críticas apontadas ao líder da Igreja Católica, foi a de pretender julgar Deus – “Senhor, porque silenciaste? Por que toleraste tudo isto?”- evitando, assim, a crítica ao comportamento humano e, muito particularmente, á actuação da Igreja durante o Holocausto. Bastaria, porém, ler as palavras de Bento XVI - “enganamo-nos se pretendemos eleger-nos a juízes de Deus e da história. Não defendemos, nesse caso, o homem, mas contribuiremos apenas para a sua destruição” – para facilmente concluirmos do mal fundado de tal observação. Quem não perceber, na verdade, que vós, porém, éreis mais íntimo que o meu próprio íntimo e mais sublime que o ápice do meu ser (Santo Agostinho), dificilmente acederá ao âmago do pensamento do sumo pontífice, quando este refere que “o nosso grito a Deus deve ao mesmo tempo ser um grito que penetra o nosso próprio coração, para que desperte em nós a presença escondida de Deus para que aquele seu poder que Ele depositou nos nossos corações não seja coberto e sufocado em nós pela lama do egoísmo, do medo dos homens, da indiferença e do oportunismo”. Ou dito ainda sob outra forma, e regressando ao substracto bíblico de que o discurso em apreço participa, as formas múltiplas de louvor ou de solicitação da benevolência divina estão inscritas nesse sentimento profundo que os salmistas têm de que são eles menos que interpelam Deus de que Deus fala neles. O enraizamento do ser na realidade divina é absoluto e sem essa convicção o canto não teria podido nascer (Eduardo Lourenço).  
Quanto às responsabilidades da Igreja Católica, nomeadamente por omissão, em tempo de Holocausto, penso que não apenas vale a pena esperar por toda uma investigação crítica à acção de Pio XII, como registar o que escreveu, por estes dias, António Marujo (especialista do Publico em questões religiosas) sobre esta matéria: que, ao que se sabe, foi inclusivamente pedido, por resistentes e oponentes ao regime nazi, ao Papa de então, que não se pronunciasse sobre a matéria, porque poderia prejudicar ainda mais os alvos da indigência nacional-socialista. Ainda mais (?!), questionamo-nos hoje. Como seria tal possível?! Temos demasiadas interrogações, que deixaremos aos historiadores desvendar. Não ficaremos, contudo, abrigados sob o manto diáfano de uma (jurídica) dúvida razoável. Para a Igreja, aliás, a questão mais do que ao nível da responsabilidade em face do Direito, da culpa, coloca-se, obviamente, na natureza do pecado (ofensa a Deus). De resto, como bem notou o insuspeito Jurgen Habermas (numa teorização intitulada Fé e Saber, em 14 Outubro de 2001, em Frankfurt), nem sempre a passagem à linguagem secular se fez sem perdas: Quando o pecado se converteu em mera culpa, algo se perdeu. Pois a busca do perdão dos pecados leva associado o desejo, bem afastado de qualquer sentimentalismo, de que possa dar-se por não realizada, de que possa ser reversível, a dor que se inflingiu ao próximo. Se há algo que não nos deixa em paz, é a irreversibilidade da dor passada, a irreversibilidade da injustiça sofrida pelos inocentes maltratados, humilhados e assassinados, uma injustiça, que, por (ser) pretérita, está para além de quaisquer medidas de uma possível reparação que pudesse estar nas mãos do homem. A perda da esperança na ressurreição não faz senão deixar atrás de si um vazio bem tangível. 
Assim, não deixará de doer, particularmente, à igreja, por exemplo, que em 1950, o padre franciscano Edoardo Domoter, supostamente com a colaboração do bispo Alois Hudal, tenha fornecido um passaporte falso de refugiado da cruz Vermelha com o nome de Ricardo Klement a alguém como Adolf Eichmann, podendo este, desta sorte, eximir-se de responder pelos seus actos (estamos a falar de um dos homens da máquina nazi, que acabaria capturado na Argentina, pela Mossad, sendo julgado, condenado e executado em Israel), como, ao invés, não deixará de a orgulhar as famílias cristãs (católicas) que ajudaram a esconder judeus e, sobretudo, a dádiva daqueles, que, por ajudarem o seu próximo perseguido, acabaram executados.   
Vale a pena falar e criticar os cobardes, reprovar a hierarquia pelo que fez de mal ou pelo que não fez; esta, como, aliás, a Igreja como um todo, sem acrimónia ou revisionismos históricos, não tem mais que buscar o perdão, como expressão de um arrependimento que crê na ressurreição (o gesto, em meu entender corajoso e virtuoso, de João Paulo II, ao pedir perdão pelos pecados, crimes em que a Igreja esteve envolvida ao longo dos séculos, teve o condão de não agradar aos mais ortodoxos dentro da comunidade católica, nem aos que medem tudo pelo útil, fora dela); mas convém lembrar, mais que quaisquer outros, os que se fizeram Cristos na Terra e deram o exemplo da convicção e da coragem Do amor. Da vida. Dos padres mais anónimos, ao leigo mais humilde, também eles foram/são igreja.

À procura de janelas?


Nestes sombrios aposentos onde passo
dias sufocantes, ando às cegas
à procura de janelas. - Se uma se me abrisse,
para minha consolação! Mas não há janelas
ou serei eu que não as sei encontrar.
Melhor assim, talvez. Pode acontecer
que a luz me traga novo tormento.
E depois - quem sabe? - quantas coisas novas
se nos revelariam.

Konstantinos Kavafis, Le Finestre

[citado por Paolo Scquizzato em A pergunta e a viagem, 26]

domingo, 24 de julho de 2016

A escola revisitada



Passou esta semana na RTP2 – que de há muito merece saudação pela excelente programação que vem proporcionando, mostrando a valia da existência do serviço público de televisão – mais um dos filmes que nos anos mais recentes anos vêm sendo realizados acerca da temática da educação/ensino: Uma turma difícil (Les Héritiers, de Marie-Castille Mention-Schaar). Baseado numa história real (escrita por Ahmed Dramé), conta a história de uma turma do 10º ano, numa escola de Creteil, arredores de Paris, marcada pela presença de alunos problemáticos e/ou aparentemente desinteressados do ensino. Mas que, e apesar do comportamento reprovável tantas vezes exibido, acaba por, via empenho da Professora de Artes, entrar num concurso nacional, promovido pelo Ministério da Educação Francês, em torno da memória da Shoa.

De um modo muito sintético, poder-se-á dizer que a chave do êxito na participação no concurso, por parte da turma maldita passou por: a) um amor pela profissão, pela turma, por cada um dos concretos alunos que leva a Professora de Artes a importar-se, a não desistir, a ser muito perseverante, mesmo quando tudo parecia concorrer para abandonar (não querem saber, não se sabem comportar, não têm motivação para estar na escola…soprar-lhe-iam aos ouvidos, de modo directo ou indirecto); b) portanto, um(a) professor(a) pode fazer toda a diferença (de resto, não por acaso, o filme mostra-nos outras professoras a lidar com a mesma turma, e a deixarem-se contaminar pelo desleixo e a bagunça da aula); c) a firmeza no cumprimento das regras (para conquistar os alunos, num processo muito difícil e a exigir muito tempo, em momento algum a professora abdicou do cumprimento das regras, nomeadamente de comportamento); d) as expectativas: talvez, de entre os diversos factores que concorreram para o sucesso final da turma, a elevação das expectativas (em alunos que partiam com estas muito em baixo, muitas vezes vindos de agregados com grandes debilidades materiais/culturais/educacionais), o fazer os alunos acreditarem em si mesmos, nas suas capacidades foi elemento fulcral; e) o tema do concurso, a memória do shoa, mostra que este pode bem, uma vez mais se comprova, proporcionar, em simultâneo, instrução e educação (transmissão de conhecimentos, mas também de valores); f) a recusa do preconceito (com os colegas a desistirem da turma, a recriminarem os alunos que a compunham, em Conselho de turma, com o diretor da escola a não compreender como era possível levar aquela turma ao concurso nacional, a professora mostrou tenacidade e prosseguiu); g) o valor do testemunho – quando um sobrevivente das atrocidades nazis vai à escola contar aquilo pelo qual passou, diferentes alunos choram com o que escutam. Conhecer é assentir com mais do que o intelecto. É, também, além de pensar, sentir; h) a teoria das inteligências múltiplas – diferentes alunos recorrem a materiais muito diversos para conceber as suas peças (originais) para o concurso. E fazem-no tão bem que acabam por vencer numa competição à qual se candidatam escolas de todo o país. A mobilização de competências nem sempre requeridas pela escola – ou a quês esta não apela maioritariamente – são (re) descobertas (como tão importantes como as demais, e nem sempre valorizadas): i) o trabalho em projectos – temos duas professoras (uma das quais, de História, se junta ao grupo), a trabalhar sintonizadas, a supervisionar, a aconselhar, a criticar o que vai sendo feito. Os alunos lêem, acabam por trabalhar em conjunto, hiperidentidades são agora postas de lado para desaguar na unidade que a pessoa é. É como estar a trabalhar em projectos, com os alunos a progredirem através do ângulo que mais capta a sua curiosidade; j) puxar para cimaà professora não basta que o trabalho seja original. Tem que ser bom. Há propostas/trabalhos iniciais que são deitados ao lixo, porque não são suficientemente robustos. Não há o paternalismo do coitadinho que fez algo, e isso basta. É preciso que esteja bom. Ah: e que seja mesmo original e não copiado (wikipedia e quejandos).; k) como outros filmes haviam demonstrado, sobre a mesma temática, hoje a autoridade do professor não é dada, mas tem que ser conquistada. Além de que em geografias em que a homogeneidade étnica, cultural, identitária, linguística está longe de ser uma realidade, as tensões estão latentes. E os gadjets tecnológicos – aqui também – ainda mais dificultam a compostura em sala de aula.

Futuro do emprego


Em 2 de Janeiro de 2010, o Washington Post noticiava que a primeira década do século XXI não criara nenhum posto de trabalho. Zero.  Desde a Grande Depressão que tal não sucedia em qualquer década; de facto, nunca houve nenhuma década no pós-guerra que tenha produzido menos de 20 por cento de aumento no número de postos de trabalho disponíveis. Mesmo nos anos 70, década associada à estagflação e a uma crise energética, houve um incremento de 27 por cento de trabalho. Esta década perdida é especialmente assombrosa quando consideramos que a economia dos EUA precisa de criar cerca de um milhão de postos de trabalho por ano apenas para manter o volume da força de trabalho. Por outras palavras, durante aqueles primeiros dez anos, houve cerca de 10 milhões de postos de trabalho em falta que deviam ter sido criados - mas nunca surgiram.
A desigualdade na distribuição da riqueza ascendeu assim para níveis que não se viam desde 1929, e tornou-se claro que os aumentos de produtividade que iam para os bolsos dos trabalhadores nos anos 50 estavam agora a ser retidos, quase inteiramente, por empresários e investidores. A quota-parte do rendimento nacional bruto destinada ao trabalho, por oposição ao capital, caiu abruptamente e parece estar em contínua queda livre (...) Claro que todo este progresso está a ser impulsionado pela implacável aceleração da tecnologia computacional (...) O resultado de tudo isto é que a aquisição de mais instrução e competências não irá necessariamente oferecer protecção efectiva contra a automatização do trabalho no futuro. Como exemplo, consideremos os radiologistas, médicos especialistas na interpretação de imagiologia médica. Os radiologistas precisam de uma formação longa e apreciável, em geral um mínimo de treze anos após o ensino secundário. Porém, os computadores estão rapidamente a tornar-se mais eficazes na análise de imagens. É muito fácil imaginar um dia, num futuro não muito distante, a radiologia será quase exclusivamente assegurada por máquinas (...) Os vencimentos dos recém-licenciados têm vindo a diminuir durante a última década, ao mesmo tempo que 50 por cento dos novos licenciados se veem forçados a aceitar trabalhos que não exigem formação universitária (...) o emprego para muitos profissionais qualificados - incluindo advogados, jornalistas, cientistas e farmacêuticos - está já a sofrer uma erosão significativa pelo avanço da tecnologia da informação. Não estão sós: muitos dos trabalhos são, de algum modo, de rotina e previsíveis, com relativamente poucas pessoas a serem pagas para se empenharem prioritariamente em trabalho realmente criativo ou em pensamento aberto.

Martin Ford, Robôs. A ameaça de um futuro sem emprego, Bertrand, 2016, pp.13-19

Islamização da revolta


É raro encontrar-se pensamento, e, menos ainda, pensamento que se subtraia a mais do mesmo. Por isso, excepcional o mais recente artigo de António Guerreiro:


António GUERREIRO, A islamização da revolta, Público. Ípsilon, 22. 07. 2016, 26.

A matança – mais uma – perpetrada em Nice há pouco mais de uma semana faz-nos evocar um pequeno livro grandioso de Rui Nunes, publicado este ano. Chama-se A Crisálida (Relógio D’Água) e é um confronto extremo com o que mais difícil é de representar: a cena da violência e do terror como puros actos sem discurso, a morte em massa ou a que remeta para uma arcaica violência divina (as decapitações), sem projecto decifrável. A escrita de Rui Nunes faz-nos ver que não basta dizer “merda” para que um texto cheire mal, nem basta dizer “sangue” e “carne mutilada” para fazer emergir a violência: é preciso também uma sintaxe, proceder à mutilação das frases e do ideal narrativo. Esta escrita é a da experiência dos limites. Do outro lado, nos antípodas, está a lengalenga ciclicamente repetida do “ataque aos nossos valores” e aos lugares simbólicos da nosso “modo de vida”, praticados pelos “inimigos do Ocidente” e até da “humanidade”. Oh, a humanidade! Essa “velha horrível”, como lhe chamou Nietzsche, no momento em que, na Gaia Ciência, proclamava: “Nós não somos humanitários” e “não amamos a humanidade”. Um humanismo a sério, mas isso eles não querem saber, foi o nazismo. Há poucas semanas, o atentado numa discoteca em Orlando veio lançar a suspeita de que o terrorista não queria prolongar a política por outro meios nem tinha um móbil religioso: era apenas alguém em conflito profundo com a sua sexualidade e quis resolver as suas pulsões através do mandamento ascético do terrorismo: “Morre!”. Nada de muito diferente do que fez o piloto alemão em luta contra a depressão. Agora, em Nice, temos novamente um indivíduo do qual não se conhece qualquer ligação ao Islão religioso nem ao Islamismo político radical. E cujo “modo de vida” conhecido parece mais consentâneo com a paixão narcísica do Ocidente do que com a paixão ascética do Islão. A tagarelice do atentado aos nossos valores e aos fundamentos da nossa democracia começa a parecer-se com uma grande ficção – uma ficção que fabrica sentido onde ele não existe (o mais difícil de conceber é que o terrorismo não tenha qualquer objectivo político e ideológico compreensível e seja uma espécie de diletantismo). Mas o que é seguro é que estas ficções informam os actos dos terroristas e os seus actos validam essas ficções. A ficção em que se tornou o conceito de terrorismo – o conceito, não as consequências bem reais dos actos que são creditados em seu nome – levou o filósofo Peter Sloterdijk (que não é de Esquerda e é impermeável aos discursos de legitimação sociológica) a dizer numa entrevista que “na perspectiva da realpolitik, se o terrorismo não existisse teria de ser inventado”. Tal como a guerra contra o terrorismo não tem feito outra coisa do que tomar os efeitos pelas causas e as margens pelo centro, a lengalenga debitada em grossos caudais depois de cada carnificina não faz mais do que ignorar o que é preciso ser pensado: antes de mais, o inconsciente terrorista e aquilo que dá lugar a uma “guerra das subjectividades”. Um importante antropólogo francês, Alain Bertho, já deu um pequeno passo, mas muito importante, para começar a pensar o terrorismo de outra maneira: propondo que há uma figura contemporânea e mortífera da revolta (uma revolta que pode ter apenas a ver com um conflito pessoal) e que, em vez de uma radicalização do Islamismo, estamos antes confrontados com a islamização da revolta radical, uma estranha situação em que o Islamismo se torna uma maneira de exprimir uma recusa do mundo e até um ódio de si (o self-hating diagnosticado no “terrorista” de Orlando).


Espiritual


       A alma que para o homem comum
               é o vértice da espiritualidade,
para o homem espiritual é quase carne.

        Marina Cvetaeva

[mote de A pergunta e a viagem, de Paolo Scquizzato]

sábado, 23 de julho de 2016

Uma criação diferente




O pai de Michel de Montaigne contrata um conjunto de humanistas e pedagogos para traçar o plano para a educação do descendente. O militar que chega a Presidente da Câmara de Bordéus, o descendente de burgueses, comerciantes de peixe fumado que compram o Palácio de Montaigne ao suserano arcebispo, o homem que no serviço (pelas armas) ao rei adquire o título nobiliárquico - o nome/apelido da família de Michel é Eyquem - entende que não basta a avidez da riqueza, a ambição do estatuto (que moveu os antepassados): há que servir a nação, em tempos de paz, como em tempos de guerra, agora através do bom conselho aos príncipes, forjado na melhor formação, numa paideia adequada, numa erudição indiscutível. A Biblioteca é, desde logo, bem recheada.
Michel, decide um grupo de sábios, é enviado (dos 0 aos 3) para uma família de lavradores - que vive nas redondezas e área do Palácio de Montaigne -, para que possa conhecer, sentir, experienciar a vivência daqueles que há que servir em primeiro lugar - exótica, à época, e extraordinária intuição democrática do pai Montaigne. Com uma educação espartana, o alho, o toucinho, o pão escuro serão, para sempre, das preferências de Michel, agradecido à opção paterna por tal escolha (diferentemente de Balzac, que sempre se queixará da entrega da sua educação, a um polícia, até aos 4 anos). Depois dos 3 anos, o regresso a casa e o ensino humanista: uma inteira família, mais todos os empregados e funcionários, são obrigados a saber latim, pois, sendo este chave espiritual daquela época, é incutido à criança, sem contaminação do francês (natal). Portanto, é uma família que age em função da educação de uma criança, mesmo que constrangida a aprender o latinório. O método de aprendizagem, de resto, é bem diverso dos usos e costumes: sem livro e sem gramática, de acordo com os interesses, a vontade, as solicitações do educando. Sem constrições, nem disciplina, muito menos os castigos corporais e a severidade em voga. Tal teria um duplo efeito: dificuldades em resistir aos caprichos e aceitar a disciplina (no futuro); espírito livre, recusa de qualquer escravidão ou sujeição a um pensamento que não o próprio, semente lançada para se tornar no padroeiro dos livre-pensadores, o referente da defesa da cidadela, aquele íntimo sagrado (em cada um de nós) que ninguém está autorizado a profanar (nem, na verdade, consegue, mesmo que queira, porque esse núcleo sempre dependerá de cada um de nós). Mais extraordinário: em se considerando que acordar bruscamente é algo que é nefasto à criança, Montaigne é acordado, lentamente, suavemente, ao som de um flautista experimentado, de um virtuoso do violino, de um conjunto de músicos que tornam o momento abençoado. Um hábito que o ensaísta manterá ao longo da vida.
Todavia, para que se conheça a liberdade, para que esta possa ser bem reconhecida, é necessário que se saiba do seu contrário, a opressão. Aos 6 anos, e até aos 13, Montaigne será matriculado num colégio interno. Uma experiência da qual não guardou boas recordações: matéria impingida para ser regurgitada; professores aos berros para que os alunos repitam o que foi dito; matéria aos montes, sem a preocupação de perceber se o aluno em si a integra: "de que adianta ter a barriga cheia de carne", pergunta retoricamente Montaigne, se não há tempo nem espaço para a digerir? Se não faz crescer? Os professores também não dirão bem de Montaigne - mesmo naquele espaço mais severo, apenas uma vez, ainda assim, açoitado e "brandamente" -, e este não considerará que foram injustos na sua avaliação de um aluno apático: só mais tarde vivacidade e ânimo se juntarão no mesmo corpo. Mas, à semelhança de outros dotados, descobre o livro de poesia. Isto é, o manual não chega. Descobre uma série de escritores e nunca mais pára. E o seu saber, no mais puro latim, dos grandes clássicos, devolver-lhe-à o privilégio dos mestres. 
Aos 13 anos, o regresso ao regaço paterno do castelo. E, posteriormente, os estudos de Direito, em Toulouse ou Paris. Aos 20 anos termina a formação de Montaigne.

[obrigado à Teresa pela magnífica conversa que me conduziu até este livro]