quinta-feira, 31 de maio de 2012

Eichmann

La noche del jueves 31 de mayo de 1962, Otto Adolf Eichmann, nacido en Solingen, Alemania, de 56 años, subió al patíbulo en la prisión de Ramala, a 15 kilómetros de Jerusalén. Rechazó la capucha negra que quiso colocarle el verdugo y pronunció sus últimas palabras: “¡Larga vida a Austria, larga vida a Alemania, larga vida a Argentina, nunca los olvidaré!”.
Eran las 11.45 cuando la trampa de la horca se abrió.
Así terminaba, hace 50 años, el proceso contra Adolf Eichmann, principal organizador del exterminio de seis millones de judíos. Un juicio que apasionó al mundo y provocó airadas polémicas. La televisión israelí transmitía en directo las sesiones que, debido a la diferencia horaria, se veían en Estados Unidos a la hora de la cena. Todo había comenzado dos años antes, cuando Ben Gurión, creador del Estado de Israel y entonces primer ministro, ordenó a un comando del Mossad, o servicio secreto, secuestrar a Eichmann y llevarlo a Israel. El antiguo oberstandartenführer vivía en Argentina desde 1950, con identidad falsa. En noviembre de 1959, la Corte Suprema de Buenos Aires había rechazado la extradición, pedida por un land de Alemania, de otro nazi, el doctor Joseph Mengele, médico en Auschwitz, campo de exterminio donde realizaba crueles experimentos genéticos. Argumentó el máximo tribunal que la Constitución argentina vedaba la “extradición por causas políticas”. Ese fallo cancelaba toda posibilidad de extraditar a Eichmann. Pero Israel necesitaba juzgar al arquitecto del genocidio judío, porque los crímenes del nazismo se estaban olvidando y Estados Unidos por entonces se interesaba sobre todo en su enfrentamiento con la Unión Soviética.

Según Karl Jasper, debía haber sido juzgado por un tribunal internacional, y no por uno israelí
El 11 de mayo de 1960, el Mossad secuestró a Eichmann en una calle del barrio de San Fernando, al noroeste de Buenos Aires, y lo transportó a Israel, eludiendo a la policía argentina. El secuestro provocó un gran debate, tanto en la prensa mundial como en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que finalmente emitió una inocua resolución exhortando a Israel a “indemnizar” a Argentina por la violación de su soberanía. Opinaron, entre otros, Bruno Bettelheim y Erich Fromm. Hannah Arendt, ensayista judía nacida y criada en Alemania, donde había sido alumna de Karl Jaspers, fue a Jerusalén como enviada especial de la revista The New Yorker. Debía escribir cinco artículos sobre el proceso. Tras presenciar las primeras sesiones, algo muy profundo se removió en la conciencia de la autora de Los orígenes del totalitarismo. Su memoria recreó la persecución padecida por tantos judíos, incluida su propia familia y ella misma, que había escapado de Alemania con la Gestapo pisándole los talones. Hannah Arendt volvió a Nueva York, donde vivía, pero cayó en una crisis personal y un bloqueo. Solo en 1963 consiguió reponerse, y entonces, además de los artículos prometidos a The New Yorker, escribió las casi 500 páginas de su Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal, uno de los más importantes ensayos del siglo XX. Ese libro, que es también un vívido reportaje sobre el proceso de Jerusalén, introdujo una idea desde entonces instalada en el lenguaje del mundo. Sostiene Hannah Arendt que el mal no necesariamente encarna en psicópatas delirantes como Hitler. Puede también presentarse en envases “cotidianos”, por ejemplo bajo la forma de un señor normal como Adolf Eichmann, buen padre de familia, ciudadano ejemplar y funcionario cumplidor. Estos hombres banales quizás son los peores. ¿Cuántos asesinos de escritorio hemos visto desde 1962?
Comenzó el juicio. Fue reconstruido el exterminio planificado de los judíos y el papel que en la solución final desempeñó Eichmann. Algunos dijeron que el juicio era una farsa y que encubría un mero acto de venganza. Otros dijeron que no podía edificarse un proceso justo sobre un delito previo, ya que el secuestro de Eichmann en Argentina había violado leyes locales e internacionales. Se adujo que Israel no tenía jurisdicción para procesar a Eichmann, pues los crímenes que se le imputaban habían sido cometidos en Alemania u otros países europeos. En todo caso, como sostenía Karl Jaspers, ¿no debió Eichmann ser juzgado por un tribunal internacional, y no por un tribunal judío? Eichmann adujo que las acusaciones contra él habían prescrito.
El tribunal halló culpable a Eichmann de por lo menos 15 crímenes contra la humanidad. En el juicio comparecieron más de 100 testigos y se probó que Eichmann había sido el organizador de un operativo criminal minuciosamente preparado, cuya finalidad era el exterminio total de los judíos del mundo, según un modelo que Adolf Hitler ya había explicado y fundamentado en su libro Mi lucha (1925).

Los intentos de Baltasar Garzón para castigar asesinatos del franquismo se basaban en aquel juicio
Eichmann pudo defenderse. Contrató a un reputado abogado criminalista, el suizo Robert Servatius, cuyos honorarios pagó el Estado de Israel. Eichmann, durante el proceso, desplegó varias líneas defensivas. Una de ellas fue la obediencia debida. Él, Eichmann, se había limitado a cumplir las órdenes que recibía, toda vez que no era sino un funcionario del Estado. Además de reclamar la prescripción, impugnó el proceso porque se pretendía aplicarle leyes que no regían al cometerse los hechos juzgados. Eichman negó las imputaciones. Negó los hechos. Negó la veracidad de cada uno de los testimonios.
Finalmente, el tribunal halló culpable a Eichmann de por lo menos 15 crímenes contra la humanidad y lo condenó a muerte. Fue la única vez que en Israel se aplicó esa pena, que no existe en la legislación del país. La ejecución de Eichmann también levantó polvareda. Hasta el último momento se esperó la gracia, que el presidente Ben-Zvi no concedió. Uno de los patriarcas del Israel moderno, el teólogo Martin Buber, quien desde 1939 vivía en Palestina, pidió que no mataran a Eichmann y que en cambio lo condenaran a labrar la tierra de Israel, en un kibutz, hasta que falleciera de forma natural.
El proceso de Jerusalén no es solo un hecho histórico. Aún incide en nuestras vidas. Sentó principios básicos. Por ejemplo, que la obediencia debida no es eximente cuando se juzgan crímenes de lesa humanidad. Los crímenes como los que se imputó a Eichmann no prescriben porque el olvido no puede lavar el horror. Los dictadores argentinos de los años setenta fueron sentados en el banquillo en 1985 —hoy siguen allí, tras anularse su amnistía— porque antes existió el proceso de Jerusalén. Otros sangrientos tiranos, como Augusto Pinochet o los asesinos de la Serbia de Milosevic, pudieron, con suerte varia, ser juzgados porque antes existió el proceso de Jerusalén. Los intentos de Baltasar Garzón para castigar crímenes del franquismo se basaban en aquel proceso. La utopía, aún en construcción, de una justicia multinacional que persiga los crímenes contra la humanidad, se debe en buena parte al proceso de Jerusalén. Es necesario recordarlo porque a pesar del medio siglo transcurrido, aún parte del mundo niega el Holocausto y una suerte de esvástica flamea nada menos que en el Parlamento de Grecia, la cuna de la civilización occidental.

Álvaro Abós, ElPais, 31/05/12

quarta-feira, 30 de maio de 2012

A nuance de Jerónimo

Os relatórios podem não ser dos Serviços Secretos, mas não se fariam sem os Serviços Secretos.

Jerónimo de Sousa, esta tarde, no Parlamento


P.S.: Mas registe-se, igualmente, a posição do PM: nenhum partido convocou, até hoje, o tema do Sistema de Informações, para um dos debates quinzenais. Foi o primeiro-ministro a fazê-lo: “acho que é elucidativo!” (Pedro Passos Coelho). Um ponto a favor de Passos Coelho (como, ontem, até Augusto Santos Silva reconhecia).

O 'progresso', a liberdade e dignidade humanas


Começo por fazer notar que a crença no futuro e a noção de que a Humanidade caminha para um mundo melhor exprimem uma das ideias típicas da civilização ocidental na época moderna. Não se pensava assim antes do tempo dos Descobrimentos, nem nos outros continentes. Simplificando muito, pode-se dizer que quando os europeus começaram a conhecer as outras civilizações e se deram conta da sua superioridade técnica no domínio militar, pensaram poder dominar todo o Universo, e caminhar assim para uma sociedade que abrangesse a Humanidade inteira (…) Teve quase sempre como pressuposto que o bem-estar seria para todos, e tomou como objectivos básicos, depois da Revolução Francesa, a conquista generalizada da liberdade individual e colectiva, a luta pela igualdade de todos os homens, a supressão das desigualdades e das injustiças. Ninguém, nem sequer os pensadores e políticos conservadores, se atreviam a pôr em causa o propósito de generalizar os benefícios da civilização ao conjunto da Humanidade. Se contestavam a democracia, era por pensarem que só uma elite podia conduzir o mundo a esse fim feliz; as massas seriam incapazes de o fazer. A descoberta das leis da evolução das espécies do reino animal e vegetal, interpretadas como um processo de aperfeiçoamento constante, vieram trazer a tais ideias um apoio científico. No fim do século XIX, seria absurdo não acreditar no progresso universal.

Mas esta visão da História era muito diferente da que predominava na Idade Média e nos países não europeus. No Ocidente medieval e nos outros continentes pensava-se que o mundo era regido por uma ordem natural imposta por Deus ou pela própria Natureza, com uma estrutura inalterável que era preciso respeitar. As perturbações que, de vez em quando, sobrevinham eram o resultado da infracção das leis do cosmos. O mundo era como uma espécie de máquina que o homem podia estragar, mas que acabava sempre por se reconstituir. Uma das mais importantes missões dos reis e dos chefes era assegurar a manutenção da ordem e da equidade. A «ordem» incluía a desigualdade entre os homens: uns mandavam, outros deviam obedecer; uns eram ricos, outros pobres; uns fortes, outros fracos. Competia aos primeiros assegurar a sobrevivência dos segundos e a estes resignarem-se com a sua sorte. As injustiças que não se pudessem reparar neste mundo seriam reparadas no outro: os bons teriam uma recompensa eterna e os maus um castigo perpétuo.

Havia no Ocidente cristão a ideia de que os homens seguiam colectivamente um caminho com princípio, meio e fim, desde a criação até ao fim dos tempos. Entre o ponto de partida e o de chegada, havia o pecado, que era, afinal, uma desordem provocada pela insubmissão do homem às prescrições ditadas por Deus no princípio do mundo. A vinda do Filho de Deus ao mundo dera a possibilidade de reparar o pecado, e Deus esperava que o mundo estivesse, por assim dizer, «maduro», para determinar o fim dos tempos, em que todas as ambiguidades e injustiças seriam reparadas pelo castigo definitivo dos maus e a recompensa eterna dos bons.

Estão a ver que a ideia de progresso predominantemente na época moderna parece derivar da concepção cristã da História como uma caminhada em direcção ao fim dos tempos, isto é, até alcançar a resolução de todas as contradições e injustiças. Ora aquilo que, no cristianismo, resultava da intervenção oculta de Deus, concebido como uma espécie de condutor do seu povo de homens justos, era, no mundo moderno, conseguido pelo próprio homem com a sua inteligência, a sua razão e o seu saber.

Fora da Europa cristã, não se acreditava numa intervenção tão próxima de Deus. Não havia ideias claras sobre o fim do mundo. O modelo de compreensão da História baseava-se na sucessão das estações do ano: depois do frio do Inverno, vinha a época temperada da Primavera; sucedia-se o calor do Verão; mais tarde voltava a temperatura média do Outono; por fim regressava-se ao Inverno e recomeçava o ciclo incessante das quatro estações do ano. Este ciclo trazia a morte, mas também a renovação periódica da natureza. A noite e o dia sucediam-se uma ao outro num ciclo mais curto, mas igualmente regular. O tempo humano era semelhante: havia períodos favoráveis e desfavoráveis, com menos regularidade do que as estações do ano, mas que também se sucediam uns aos outros: a prosperidade era efémera, mas a desgraça também não durava sempre (…)

O colapso da ideia de progresso universal e quase mecânico é, na minha opinião, um bem. Veio desfazer as ilusões criadas por uma esperança insensata. Imaginar que bastaria o esforço e o sacrifício de uma ou duas gerações para alcançar a harmonia e a justiça foi, na verdade, uma ilusão perniciosa. Teve o efeito perverso de sugerir que o sacrifício temporário garantiria um resultado definitivo e feliz. A crença no progresso constante foi um engano porque pressupõe a superação do tempo e a supressão da liberdade. Com efeito, o tempo traz consigo o envelhecimento e a morte. E a liberdade tem como contrapartida a possibilidade de escolher o bem, mas também a violência, a opressão e a crueldade. Ora o homem não pode viver sem tempo e sem liberdade. Tem de morrer para dar lugar a outros homens. Tem de conquistar a sua dignidade de forma livre e consciente. Estas imposições do próprio ser trazem as desigualdades e a morte. Daí a necessidade de reparar o mal que ambas implicam. Só se pode imaginar a vitória definitiva sobre os males fundamentais quando se esquece a própria condição humana.

Ibidem, 63-67.
 

'Melancolia', de Lars von Trier



Melancolia - viewed 6 days ago

Não admira, por isso, que o pessimismo das previsões acerca do futuro global se torne cada vez mais negro. Inspirou, por exemplo, o recente filme de Lars Von Trier, Melancolia. Termina com uma cena patética: duas mulheres e uma criança sentados debaixo de uma árvore, à espera do choque de um planeta errante com a Terra, isto é, do fim do mundo. A criança está persuadida de que essa espécie de gaiola é, afinal, uma «gruta secreta» que os protege da catástrofe total. Mas os adultos sabem o que os espera. A conclusão é implacável: tudo o que constitui e se cultiva na vida humana – riqueza, valores, hábitos, boa educação, arte, ciência, conhecimento, saúde, enfim, os valores do quotidiano evocado em todo o filme – tudo se torna absurdo. Não se esqueça, porém, que as duas mulheres e a criança esperam o embate de mãos dadas, o que quer dizer que encontram ajuda na solidariedade. O perigo comum aproxima-os.

(…) Sem as realidades espirituais não há nenhuma hierarquia de valores a preservar. É deles que depende a solidariedade – aquela que faz os protagonistas da última sequência de Melancolia darem as mãos – e a responsabilidade, sem as quais nada há a fazer perante a catástrofe.

José Mattoso, Levantar o Céu. Os labirintos da Sabedoria, Temas e Debates, 2012, 10-11.

terça-feira, 29 de maio de 2012

Notícias do defeso

Jardim sai de Braga. Visto de fora, parece exagero de Salvador. Não seria o primeiro.Sérgio Conceição pode suceder ao técnico madeirense. Num misto de teoria da conspiração e ataque preventivo, Fernando Guerra escreve, hoje, n'ABola que Jardim não tinha categoria para treinar os bracarenses e que pode ter-se feito demitir, na entrevista a OJogo (em que terá ferido a susceptibilidade do Presidente do S.C. Braga), para ir para o Porto. O medo desta gente que Vítor Pereira saia do FCP é de rir (todos os dias ABola o coloca no Olympiakos, no que em Psicologia se chama 'acto falhado'). Entretanto, Scolari escolheu Hélder Conduto para revelar por que Baía não era convocado, em 2004, para a Selecção. Foi Pinto da Costa quem o sugeriu, afirma. Simultaneamente, porém, diz que nunca quis explicar a não convocação de Baía, pois seria comprar uma guerra com o mesmo Pinto da Costa. Ou seja, Pinto da Costa queria e não queria que Baía fosse convocado. Definitivamente, o princípio da não contradição não é leccionado nas aulas de Filosofia no Uzbequistão.

Gente que nunca vai à televisão

Vítor Aguiar e Silva, Maria Helena da Rocha Pereira, Hermínio Martins. Apenas três nomes que nunca aparecem nas tv's saturadas, repetitivas e banais. Um espaço mediático que não contempla três das maiores vozes portuguesas não contribui para o exercício crítico da cidadania, nem mostra capacidade de hierarquizar o essencial, de uma editoria de qualidade.

segunda-feira, 28 de maio de 2012

Pensar depressa e devagar (IV)

O apelo do paternalismo liberalizante foi reconhecido em muitos países, incluindo o Reino Unido e a Coreia do Sul, e por políticos de muitas bancadas, incluindo os conservadores britânicos e o Governo democrata do Presidente Obama. De facto, o Governo britânico criou uma nova pequena unidade cuja missão é aplicar os princípios da ciência comportamental para ajudar o Governo a concretizar melhor os seus objetivos. O nome oficial deste grupo é Behavioural InsightTeam, mas é conhecido tanto fora como dentro do Governo como a Nudge Unit. Thaler é conselheiro desta equipa.
Na sequência de ter escrito Nudge, Sunstein foi convidado pelo Presidente Obama para administrador do Gabinete de Informação e Questões de Regulamentação, um cargo que lhe deu oportunidades consideráveis de encorajar a aplicação das lições da psicologia e da economia comportamental nos departamentos governamentais. A missão está descrita no Relatório do Gabinete de Gestão e Orçamento, de 2010. Os leitores deste livro apreciarão a lógica subjacente às recomendações específicas, incluindo o encorajamento de «divulgações claras, simples, relevantes e significativas». Reconhecerão também princípios básicos como «a apresentação é muito importante; se, por exemplo, um resultado potencial for apresentado como uma perda, poderá ter maior impacto do que se for apresentado como um ganho».
O exemplo da regulamentação quanto à exibição de dísticos relativos ao consumo de combustível foi mencionado anteriormente. Aplicações adicionais que foram postas em prática incluem inscrição automática em seguros de saúde, uma nova versão das orientações dietéticas, que substitui a incompreensível Pirâmide dos Alimentos pela poderosa imagem de um prato de comida cheio de uma dieta equilibrada, e uma regra formulada pelo Ministério da Agricultura, que permite a inclusão de mensagens como «90% livre de gordura» na etiqueta dos produtos de carne, desde que seja também exibida a mensagem «10% (545) de gordura», «sequencialmente, em letras da mesma cor, tamanho e tipo e com a mesma cor de fundo do anúncio da ausência de gordura». Os Humanos, ao contrário dos Econs, precisam de ajuda para tomar boas decisões e há modos informados e não intrusivos de fornecer essa ajuda.
 
DOIS SISTEMAS
Este livro descreveu o funcionamento da mente como uma interação difícil entre duas personagens fictícias: o automático Sistema 1 e o esforçado Sistema 2. Estão agora bastante familiarizados com as personalidades dos dois sistemas e capazes de antecipar a forma como poderão reagir a diferentes situações. E claro que se recordam também que os dois sistemas não existem realmente no cérebro, ou em qualquer outra parte. «O Sistema 1 faz X» é uma forma de dizer «X ocorre automaticamente». E «o Sistema 2 é mobilizado para fazer é como dizer de forma abreviada «aumenta a comoção, as pupilas dilatam, a atenção é concentrada e a atividade Y é realizada». Espero que achem a linguagem dos sistemas tão facilitadora como eu e que tenham adquirido um sentido intuitivo de como funcionam, sem ficarem confundidos com a questão de saber se existem. Tendo feito este necessário aviso, continuarei a usar essa linguagem até ao fim.
O atento Sistema 2 é quem nós pensamos que somos. O Sistema 2 articula os juízos e faz as escolhas, mas, muitas vezes, adota ou racionaliza ideias e sensações que foram geradas pelo Sistema 1. Poderão não saber que estão otimistas acerca de um projeto porque algo acerca da sua responsável vos recorda a vossa querida irmã, ou que não gostam de uma pessoa que se parece vagamente com o vosso dentista. Se vos pedirem uma explicação, porém, procurarão na vossa memória razões apresentáveis e com certeza que descobrirão algumas. Além disso, irão acreditar na história que inventaram. Mas o Sistema 2 não é apenas um tradutor do Sistema 1; evita também que muitos pensamentos disparatados e impulsos inapropriados se expressem abertamente. O investimento da atenção melhora o desempenho em inúmeras atividades - pensem no risco de conduzir num espaço estreito com a vossa mente (546) à deriva - e é essencial para algumas tarefas, incluindo a comparação, a escolha e o raciocínio ordenado. Contudo, o Sistema 2 não é um paradigma de racionalidade. As suas capacidades são limitadas, bem como o conhecimento a que tem acesso. Nem sempre pensamos bem quando raciocinamos e nem sempre os erros são devidos a intuições intrusivas e incorretas. Frequentemente, cometemos erros porque nós (o nosso Sistema 2) não sabemos fazer melhor.
Passei mais tempo a descrever o Sistema 1 e dediquei muitas páginas a erros do juízo intuitivo e da escolha intuitiva, que lhes atribuo. No entanto, o número relativo de páginas é um fraco indicador do equilíbrio entre as maravilhas e as falhas do pensamento intuitivo. O Sistema 1 está de facto na origem de muito daquilo que fazemos erradamente, mas é também a origem da maioria daquilo que fazemos bem - que é a maior parte daquilo que fazemos. Os nossos pensamentos e ações são rotineiramente guiados pelo Sistema 1 e são em geral adequados. Uma das maravilhas é o rico e detalhado modelo do nosso mundo que é conservado na memória associativa: distingue os acontecimentos surpreendentes dos normais numa fração de segundo, gera de imediato uma ideia daquilo que era esperado em vez da surpresa e procura automaticamente uma interpretação causal para as surpresas e os acontecimentos à medida que estes ocorrem.
A memória conserva também o vasto repertório de capacidades que adquirimos numa vida inteira de prática, o qual produz automaticamente soluções adequadas para desafios que vão surgindo, desde contornar uma grande pedra no caminho até evitar a incipiente reclamação de um cliente. A aquisição de capacidades exige um ambiente regular, uma oportunidade adequada para praticar e uma rápida e inequívoca retroação acerca da correção dos pensamentos e das ações. Quando estas condições estão preenchidas, a capacidade acaba por se desenvolver e os juízos e as escolhas intuitivas que depressa vêm à mente serão, na sua maioria, exatas. Tudo isto é trabalho do Sistema 1,0 que significa que ocorre automática e rapidamente. Um indicador do desempenho proficiente é a capacidade de lidar com vastas quantidades de informação de forma veloz e eficiente.
Quando se encontra um desafio para o qual está disponível uma resposta proficiente, essa resposta é evocada. O que acontece na ausência (547) dessa capacidade? Por vezes, como no problema 17 x 24 = ?, que exige uma resposta específica, é logo evidente que deverá ser chamado o Sistema 2. Mas é raro o Sistema 1 ficar mudo. O Sistema 1 não é constrangido pelos limites da capacidade e é profícuo nos seus cálculos. Quando está empenhado em encontrar uma resposta para uma pergunta, gera ao mesmo tempo as respostas a questões relacionadas e poderá substituir a resposta exigida por outra que com maior facilidade surja no espírito. Nesta conceção das heurísticas, a resposta heurística não é necessariamente mais simples ou mais frugal do que a pergunta original - é apenas mais acessível, calculada com maior rapidez e facilidade. As respostas heurísticas não são aleatórias e estão, muitas vezes, aproximadamente corretas. E, por vezes, estão bastante erradas.

Ibidem

domingo, 27 de maio de 2012

Da sociedade do trabalho à sociedade do precariado e a legitimidade do capitalismo

La consecuencia no deseada de la utopía neoliberal es una brasilización de Occidente: son notables las similitudes entre cómo se está conformando el trabajo remunerado en el llamado Primer Mundo y cómo es el del Tercer Mundo. La temporalidad y la fragilidad laborales, la discontinuidad y la informalidad están alcanzando a sociedades occidentales hasta ahora baluartes del pleno empleo y el Estado del bienestar. Así las cosas, en el núcleo duro de Occidente la estructura social está empezando a asemejarse a esa especie de colcha de retales que define la estructura del sur, de modo que el trabajo y la existencia de la gente se caracteriza ahora por la diversidad y la inseguridad.
En un país semiindustrializado como Brasil, los que dependen del salario de un trabajo a tiempo completo solo representan a una pequeña parte de la población activa; la mayoría se gana la vida en condiciones más precarias. Son viajantes de comercio, vendedores o artesanos al por menor, ofrecen toda clase de servicios personales o basculan entre diversos tipos de actividades, empleos o cursos de formación. Con la aparición de nuevas realidades en las llamadas economías altamente desarrolladas, la “multiactividad” nómada —hasta ahora casi exclusiva del mercado laboral femenino occidental— deja de ser una reliquia premoderna para convertirse rápidamente en una variante más del entorno laboral de las sociedades del trabajo, en las que están desapareciendo los puestos interesantes, muy cualificados, bien remunerados y a tiempo completo.
Quizá en este sentido las tendencias de Alemania, a pesar del éxito que se atribuye a su modelo, representen las de otras sociedades occidentales. Por una parte, Alemania disfruta de las mejores condiciones comerciales que ha tenido en muchos años. La principal economía europea es modélica por su forma de contener una crisis: tasas de interés bajas, flujo de capital entrante, aumento sostenido de la demanda mundial de sus productos, etc. Así, el desempleo en Alemania ha caído un 2,9%, y solo alcanza al 6,9% de la población activa.
Alemania es modélica por su forma de contener la crisis, pero el empleo precario crece demasiado
Por otra parte, se ha registrado un excesivo incremento del empleo precario. En la década de 1960 solo el 10% de los trabajadores pertenecía a ese grupo; en la de 1980 la cifra ya se situaba en un cuarto, y ahora es de alrededor de un tercio del total. Si los cambios continúan a este ritmo —y hay muchas razones para pensar que será así— en otros diez años solo la mitad de los trabajadores tendrá empleos a tiempo completo de larga duración, mientras que los de la otra mitad serán, por así decirlo, trabajos a la brasileña.
Bajo la superficie de la milagrosa maquinaria alemana se oculta esta expansión de la economía política de la inseguridad, enmarcando una nueva lucha por el poder entre actores políticos ligados a un territorio (Gobiernos, Parlamentos, sindicatos) y actores económicos sin ataduras territoriales (capitales, finanzas, flujos comerciales) que pugnan por un nuevo diferencial de poder. Así se tiene la fundada impresión de que los Estados solo pueden elegir entre dos opciones: o bien pagar, con un elevado desempleo, niveles de pobreza que no hacen más que incrementarse constantemente; o aceptar una pobreza espectacular (la de los “pobres con trabajo”), a cambio de un poco menos de desempleo.
El “trabajo para toda la vida” ha desaparecido. En consecuencia, el aumento del paro ya no puede explicarse aludiendo a crisis económicas cíclicas; se debe, más bien, a: 1) los éxitos del capitalismo tecnológicamente avanzado; y 2), la exportación de empleos hacia países de renta baja. El antiguo arsenal de políticas económicas no puede ofrecer resultados y, de una u otra manera, sobre todos los empleos remunerados pesa la amenaza de la sustitución.
De este modo, la política económica de la inseguridad está ante un efecto dominó. Factores que en los buenos tiempos solían complementarse y reforzarse mutuamente —el pleno empleo, las pensiones garantizadas, los elevados ingresos fiscales, la libertad para decidir políticas públicas— ahora se enfrentan a una serie de peligros en cadena. El empleo remunerado se está tornando precario; los cimientos del Estado de bienestar se derrumban; las historias vitales corrientes se desmenuzan; la pobreza de los ancianos es algo programado de antemano; y, con las arcas vacías, las autoridades locales no pueden asumir la demanda creciente de protección social.
La “flexibilidad del mercado laboral” es la nueva letanía política, que pone en guardia a las estrategias defensivas clásicas. Por doquier se pide más “flexibilidad” o, dicho de otro modo, que los empresarios puedan despedir más fácilmente a sus trabajadores. Flexibilidad también significa que el Estado y la economía trasladan los riesgos al individuo. Ahora los trabajos que se ofrecen son de corta duración y fácilmente anulables (es decir, “renovables”). Por último, flexibilidad también significa: “Anímate, tus capacidades y conocimientos están obsoletos y nadie puede decirte lo que tienes que aprender para que te necesiten en el futuro”. La posición un tanto contradictoria en la que se sitúan los Estados cuando insisten al mismo tiempo en la competitividad económica nacional y la globalización neoliberal (es decir, en el nacionalismo y la internacionalización) ha defraudado políticamente a quienes reivindicaban el derecho individual de los ciudadanos a la estabilidad laboral y a unos servicios sociales dignos.

Parte de la clase media ha sido devorada por la crisis del euro. Vamos hacia una inseguridad endémica
De todo ello resulta que cuanto más se desregulan y flexibilizan las relaciones laborales, con más rapidez pasamos de una sociedad del trabajo a otra de riesgos incalculables, tanto desde el punto de vista de las vidas de los individuos como del Estado y la política. En cualquier caso, una tendencia de futuro está clara: la mayoría de la gente, incluso de los estratos medios, aparentemente prósperos, verá que sus medios de vida y entorno existencial quedarán marcados por una inseguridad endémica. Parte de las clases medias han sido devoradas por la crisis del euro y cada vez hay más individuos que se ven obligados a actuar como "Yo y asociados" en el mercado de trabajo.
Mientras el capitalismo global disuelve en los países occidentales los valores esenciales de la sociedad del trabajo, se rompe un vínculo histórico entre capitalismo, Estado de bienestar y democracia. No nos equivoquemos: un capitalismo que no busque más que el beneficio, sin consideración alguna hacia los trabajadores, el Estado de bienestar y la democracia, es un capitalismo que renuncia a su propia legitimidad. La utopía neoliberal es una especie de analfabetismo democrático, porque el mercado no es su única justificación: por lo menos en el contexto europeo, es un sistema económico que solo resulta viable en su interacción con la seguridad, los derechos sociales, la libertad política y la democracia. Apostarlo todo al libre mercado es destruir, junto con la democracia, todo el comportamiento económico. Las turbulencias desatadas por la crisis del euro y las fricciones financieras mundiales solo son un anticipo de lo que nos espera: el adversario más poderoso del capitalismo es precisamente un capitalismo que solo busque la rentabilidad.
Lo que priva de su legitimidad al capitalismo tecnológicamente avanzado no es que derribe barreras nacionales y produzca cada vez más con menos mano de obra, sino que bloquee las iniciativas políticas conducentes a la conclusión de un pacto para la formación de un nuevo modelo social europeo. Cualquiera que hoy en día piense en el desempleo no debería quedarse atrapado en viejas querellas como las relativas al "mercado laboral secundario" o "los gastos salariales decrecientes". Lo que parece un derrumbe debe convertirse más bien en un periodo fundacional de nuevas ideas y modelos, en una época que abra las puertas al Estado transnacional, al impuesto europeo a las transacciones financieras y a la "utopía realista" de una Europa Social para los Trabajadores.

Ulrich Beck, ElPais, 27/05/12

27 de Maio de 1987

Memórias de uma noite inesquecível I


Nos meus velhos tempos de Faculdade, conheci um jovem que tinha a face desfigurada por uma enorme cicatriz de forma circular em torno do seu olho esquerdo. Porque o assunto causaria natural constrangimento ao nosso colega, evitávamos falar disso, ainda que não fosse fácil disfarçar a má impressão que aquela disformidade causava a quem olhava para ele. Imaginei que a mesma teria sido causada por um terrível acidente ou um infeliz encontro com um cão feroz, mas, um certo dia, falando de futebol, o nosso colega explicou-nos a verdadeira origem dessa horrível marca.
Sendo natural de uma aldeia transmontana próxima de Torre de Moncorvo, este nosso colega era um dos poucos jovens que, na década de 80, ali se identificava com as cores do FC Porto. No dia 27 de Maio de 1987, então com apenas 15 anos, deslocou-se ao café da aldeia para assistir ao jogo da final da Taça dos Campeões Europeus na companhia de outros dois amigos também portistas, alimentando a esperança de ali assistir à primeira conquista internacional do seu clube frente ao poderosíssimo Bayern de Munique.
O café da aldeia era o habitual ponto de encontro de muitos aficionados da bola que ali se reuniam para assistir à transmissão televisiva dos principais jogos e, como era costume, estava cheio de gente, na sua maioria afecta ao Benfica. Os três assumidos portistas, de cachecol ao pescoço, ocuparam uma das mesas e ali, rodeados de adeptos rivais, foram assistindo ao desenrolar da partida, roendo as unhas dos dedos à medida que o gigante bávaro ia tomando conta das operações. Muito lhes custou ver o golo de Kogl que Mlynarczyk não conseguiu evitar e mais ainda por se verem confrontados com os festejos dos benfiquistas ali presentes que celebraram o golo alemão como se do Benfica se tratasse. No entanto, quis o destino que o FC Porto virasse o resultado a seu favor com dois golos históricos e foi então que um trágico incidente aconteceu. Ao primeiro golo portista, que o meu colega festejou com natural felicidade, logo surgiram os primeiros insultos e ameaças vindas daqueles benfiquistas que torciam pela equipa alemã. Na sua mentalidade doentia, distorcida por um fanatismo absurdo, os festejos azuis e brancos constituíam um atentado à hegemonia encarnada que habitualmente ali se fazia sentir, pelo que qualquer manifestação da parte dos adeptos portistas devia ser imediatamente oprimida, fosse de que forma fosse. É claro que ninguém acreditava que um motivo tão fútil pudesse causar reacções violentas, pelo que as pessoas prosseguiram com naturalidade, sem atribuir grande importância às ameaças. Um erro crasso. Ao segundo golo do FC Porto, um desses indivíduos partiu uma garrafa de cerveja na mesa e, dirigindo-se ao meu colega enquanto este festejava com os olhos postos na televisão, cravou-lhe o caco de vidro na cara. Foi por escassos milímetros que não lhe traçou o olho. Aquele momento que devia ser de festa, de alegria e de orgulho, transformou-se num pesadelo que iria perseguir o meu colega por muitos anos, graças ao fanatismo de um execrável canalha, o ódio cego de um criminoso que, em nome de um benfiquismo doentio, destruiu a face de um miúdo que, com todo o direito, festejava a vitória do clube do seu coração. A noite acabou por ser passada nas urgências do hospital, já com a família, onde os gritos de dor substituíram os gritos de alegria enquanto os médicos procuravam retirar os pedaços de vidro cravados na carne dilacerada e suturavam a ferida com trinta pontos.
Foi aberto um auto pelas autoridades e, nos dias que se seguiram, os agentes da GNR visitaram o café e as casas de algumas das pessoas que testemunharam o sucedido, mas o processo acabou arquivado já que nenhuma das pessoas quis falar. Os adeptos do Benfica, todos gente de bem e bons chefes de família, tementes a Deus e cumpridores da lei, afirmaram que não viram nada. Os adeptos portistas calaram-se por medo das represálias.
25 anos após a conquista dessa Taça dos Campeões Europeus, aqui envio um grande abraço a esse colega com quem, infelizmente, perdi o contacto há muito tempo, mas de quem guardo as melhores recordações. Espero que tenha sido capaz de ultrapassar a dor no corpo e na alma que lhe causaram com aquela inqualificável agressão e que tenha conseguido a tão desejada operação plástica que lhe permitiria recuperar a sua imagem. Espero também que nunca tenha perdido a força e a coragem para torcer pelo FC Porto onde quer que fosse, fazendo dessa força uma luta contra o despotismo de quem faz do ódio o seu modo de estar na vida.

Lido no blog O Porto é o maior, carago!

sábado, 26 de maio de 2012

Pensar depressa e devagar (III)

Num país de Econs, o Governo não deveria interferir, permitindo-Ihes que agissem conforme escolhessem, desde que não prejudicassem os outros. Se um motociclista escolher andar sem capacete, um adepto do livre-arbítrio apoiará o seu direito de o fazer. Os cidadãos sabem o que fazem, mesmo quando escolhem não poupar dinheiro para a velhice, ou quando se expõem a substâncias viciantes. Há por vezes um nítido contraste para esta posição: os idosos que não pouparam o suficiente para a sua reforma não são alvos de mais compreensão do que alguém que se queixe da conta depois de ter comido uma grande refeição num restaurante. Há, portanto, muita coisa em jogo no debate entre a escola de Chicago e os economistas comportamentais, que rejeitam a forma extrema do modelo do agente racional. A liberdade não é um valor contestado; todos os participantes no debate estão a favor dela. Mas a vida é mais complexa para os economistas comportamentais do que para os verdadeiros crentes na racionalidade humana. (542)
Nenhum economista comportamental defende um estado que force os seus cidadãos a comer uma dieta equilibrada e a ver apenas programas televisivos que sejam bons para a alma. Para os economistas comportamentais, contudo, a liberdade tem um preço, que é suportado pelos indivíduos que fazem más escolhas e por uma sociedade que se sente obrigada a ajudá-los. A decisão de proteger, ou não, os indivíduos contra os seus erros apresenta assim um dilema para os economistas comportamentais. Os economistas da escola de Chicago não encaram este problema, pois os agentes racionais não cometem erros. Para os aderentes a esta escola, a liberdade não tem custos.
Em 2008, o economista Richard Thaler e o jurista Cass Sunstein formaram equipa para escrever um livro, Nudge, que rapidamente se tornou um bestseller internacional e a bíblia da economia comportamental. O seu livro introduziu várias palavras novas na língua, incluindo os Econs e os Humanos. Apresentou também um conjunto de soluções para o dilema de como ajudar as pessoas a tomarem boas decisões, sem limitar a sua liberdade. Thaler e Sunstein advogaram uma posição de paternalismo liberalizante, em que o estado e outras instituições têm o direito de avisar as pessoas para que tomem decisões que sirvam os seus interesses a longo prazo. A indicação de subscreverem um plano de reforma como opção alternativa é um exemplo de um aviso. E difícil argumentar que a liberdade de alguém seja diminuída por ser automaticamente inserido no plano, quando terá apenas de preencher um quadradinho para indicar que não está interessado. Como vimos atrás, o enquadramento da decisão do indivíduo -Thaler e Sunstein chamam-lhe arquitetura da escolha - tem um enorme efeito no resultado. O aviso baseia-se numa psicologia sólida, que eu descrevi antes. A opção alternativa é naturalmente percebida como a escolha normal. Um desvio da escolha normal é um ato de incumbência, o que exige uma maior deliberação esforçada, acarreta maior responsabilidade e terá maior probabilidade de evocar arrependimento do que se não se fizer nada. Estas são forças poderosas que poderão guiar a decisão de alguém que, caso contrário, se encontrará inseguro sobre o que há de fazer.
Os Humanos, mais do que os Econs, precisam também de proteção dos outros, que exploram deliberadamente as suas fraquezas - e, em (543)  especial, as excentricidades do Sistema 1 e a preguiça do Sistema 2. Supõe-se que os agentes racionais tomem as decisões importantes com cuidado e que usem toda a informação que lhes seja fornecida. Um Econ lerá e compreenderá as letras pequeninas de um contrato antes de o assinar, mas os Humanos, em geral, não o fazem. Uma empresa sem escrúpulos que conceba contratos que os clientes assinem rotineiramente sem ler tem uma margem legal considerável, quando esconde informação importante à vista desarmada. Uma implicação perniciosa do modelo do agente racional na sua forma extrema é que se assume que os clientes não precisam de proteção para se assegurarem de que a informação relevante é revelada. O tamanho da letra e a complexidade da linguagem na apresentação não são consideradas relevantes - um Econ sabe como há de lidar com letra miudinha, se for preciso. Em contrapartida, as recomendações de Nudge exigem que as empresas ofereçam contratos que sejam suficientemente simples para ser lidos e compreendidos por clientes Humanos. É um bom sinal que algumas destas recomendações tenham encontrado oposição significativa por parte de empresas cujos lucros se poderiam ressentir se os seus clientes estivessem melhor informados. Um mundo em que as empresas compitam por oferecer melhores produtos é melhor do que um em que a vencedora será a empresa que melhor obscurecer.
Uma característica notável do paternalismo liberalizante é o seu apelo abranger um espectro partidário alargado. O exemplo cimeiro da política comportamental, chamado Save More Tomorrow, foi apoiado no Congresso por uma coligação invulgar que incluiu conservadores extremos, bem como liberais. O Save More Tomorrow é um plano financeiro que as empresas podem oferecer aos seus empregados. Aqueles que assinam autorizam o empregador a aumentar a sua contribuição para o seu plano de poupança numa percentagem fixa, sempre que são aumentados. A taxa de poupança acrescida é aplicada automaticamente, até o empregado informar que quer sair. Esta brilhante inovação, proposta por Richard Thaler e Shlomo Benartzi em 2003, aumentou agora a taxa de poupança e iluminou as perspetivas futuras de milhões de trabalhadores. Fundamenta-se solidamente nos princípios psicológicos que os leitores deste livro reconhecerão. Evita a resistência a uma perda imediata não exigindo qualquer mudança (544) imediata; ao ligar a poupança acrescida ao aumento salarial, transforma as perdas em ganhos previstos, muito mais fáceis de suportar; e a característica da automaticidade junta a preguiça do Sistema 2 aos interesses a longo prazo dos trabalhadores. Tudo isto, claro, sem obrigar ninguém a fazer algo que não queira e sem qualquer engano ou artifício.

Ibidem

sexta-feira, 25 de maio de 2012

Pensamentos extemporâneos

Nos últimos dois anos, dei comigo a pensar e a partilhar tal pensamento, não raras vezes, que para a minha geração - para alguns da minha geração - esta é a primeira vez que a ideia de que a democracia não é, necessariamente, para sempre - que não é, em rigor - um adquirido absoluto, se tornou clara/experimentada. Uma coisa é nas viagens intelectuais que cada um faz ou fez, ter-se encontrado, até há já uns bons anos, com o Popper da pobreza do historicismo. Perceber que é muito delicado e complicado falar em progresso em âmbitos como a política, a história, a filosofia, a ética e podermos concluir que progresso, progresso só na técnica. Tudo isto será discutível, melhor, tudo isto é discutido, mas podemos aceitá-lo. Compreendê-lo, em toda a sua extensão, não resulta, todavia, de uma pura e exclusiva adesão intelectual (a um dado postulado; a este, de que progresso só na técnica, em particular). Há um sentir, um inteligir mais completo da realidade que não resulta, apenas, da compreensão de um enunciado, que nos faz antever, hoje, bem mais de perto, que significa isso de a democracia não ser, para todo o sempre, um adquirido absoluto. O que, evidentemente, não significa, por outro lado, como necessário, que esta se venha, efectivamente, a perder. A novidade está, já, no real equacionar dessa hipótese.

John Rawls

Muitos dos filósofos do século XX haviam perdido o contacto com os grandes pensadores do passado. Uma Teoria da Justiça de Rawls é uma das muito poucas obras de filosofia política escritas nesse século que merece ser comparada com as de Aristóteles, Hobbes, Locke, Rousseau, Hume e Kant.

Nigel Warburton, Uma pequena história da filosofia, Edições 70, Lisboa, 2012, 228/229.


P.S.: A obra que acaba de sair, em Portugal, de Nigel Warburton, Doutorado em Filosofia por Cambridge e Professor na Universidade Aberta britânica, tanto quanto me pude aperceber pelos capítulos - todos eles, curtos - já lidos, pretende ser, sobretudo, uma obra de divulgação, sem linguagem hermética e procurando o essencial em cada autor, sem qualquer pretensão de exaustão, de percorrer uma obra na sua integralidade, nem uma especial densidade, sem, contudo, deixar de anotar o que o autor considera essencial em cada um dos filósofos eleitos, nesta selecção que vai da Grécia Antiga aos nossos dias, de Sócrates a Peter Singer (assim, a ideia de banalidade do mal, em H. Arendt; a morte de Deus, em Nietzsche; a justiça como equidade, em Rawls).

Pensar depressa e devagar (II)

A lógica da ponderação da duração é convincente, mas não pode ser considerada uma teoria completa do bem-estar, porque os indivíduos se identificam com o seu eu da memória e preocupam-se com a sua história. Uma teoria do bem-estar que ignore o que as pessoas querem não pode ser defendida. Por outro lado, uma teoria que ignore aquilo que acontece de facto nas vidas das pessoas e que se concentre exclusivamente naquilo que pensam acerca da sua vida também não é defensável. O eu da memória e o eu da experiência têm de ser ambos considerados, pois os seus interesses nem sempre coincidem. Os filósofos poderiam confrontar-se com estas questões durante muito tempo. (539)
A questão de qual dos dois eus importa mais não diz respeito apenas aos filósofos; tem implicações quanto a políticas em vários domínios, nomeadamente na medicina e na segurança social. Considerem o investimento que deveria ser feito no tratamento de várias situações clínicas, incluindo a cegueira, a surdez, ou a falha dos rins. Esses investimentos deveriam ser feitos em função do medo que as pessoas têm dessas situações? Os investimentos deveriam ser feitos em função do sofrimento que os pacientes de facto experimentam? Ou deveriam seguir a intensidade do desejo dos pacientes para se livrarem desses padecimentos e dos sacrifícios que estariam dispostos a fazer para conseguirem esse alívio? A classificação da cegueira e da surdez, ou da colostomia e da diálise, poderiam ser bem diferentes se dependessem da medição utilizada para apurar a gravidade do sofrimento. Não há uma solução simples à vista, mas questão é demasiado importante para ser ignorada.
A possibilidade de usar medições de bem-estar como indicadores para orientar as políticas governamentais atraiu um considerável interesse recente, tanto entre os académicos como entre vários Governos europeus. É agora concebível, ao contrário do que acontecia há poucos anos, que um índice da quantidade de sofrimento na sociedade venha um dia a ser incluído nas estatísticas nacionais, juntamente com medições do desemprego, da incapacidade física e do rendimento. Este projeto fez grandes progressos.

 ECONS E HUMANOS
Nas conversas de todos os dias, dizemos que as pessoas são racionais quando é possível discutir com elas, se as suas crenças são em geral adaptadas à realidade e se a suas preferências são coerentes com os seus interesses e os seus valores. A palavra «racional» transmite uma imagem de maior deliberação, de mais cálculos e de menos calor, mas, na linguagem comum, uma pessoa racional é decerto sensata. Para os economistas e os teóricos da decisão, o adjetivo tem um significado completamente diferente. O único teste de racionalidade não é se as crenças e as preferências de uma pessoa são sensatas, mas se são (540)  internamente consistentes. Uma pessoa racional pode acreditar em fantasmas, desde que todas as suas outras crenças sejam consistentes com a existência de fantasmas. Uma pessoa racional poderá preferir ser odiada a ser amada, desde que as suas preferências sejam consistentes. A racionalidade é a coerência lógica - sensata ou não. Segundo esta definição, os Econs são racionais, mas existe uma esmagadora evidência de que os Humanos não poderão sê-lo. Um Econ não seria suscetível à impulsão, ao SHAQV, ao enquadramento estreito, à perspetiva interna, ou às inversões de preferência, coisas que os Humanos não conseguem evitar de forma consistente.
A definição de racionalidade como coerência é incrivelmente restritiva; exige a adesão a regras da lógica que uma mente finita não é capaz de pôr em prática. As pessoas sensatas não poderão ser, segundo essa definição, racionais, mas também não deverão ser designadas como irracionais por causa disso. «Irracional» é uma palavra forte, que denota impulsividade, emocionalidade e uma teimosa resistência a argumentos sensatos. Muitas vezes horrorizo-me quando o meu trabalho com o Amos é visto como uma demonstração de que as escolhas humanas são irracionais, quando de facto a nossa investigação apenas mostrou que os Humanos não são bem descritos através do modelo do agente racional.
Apesar de os Humanos não serem irracionais, precisam muitas vezes de ajuda para fazerem juízos mais exatos e tomarem melhores decisões e, nalguns casos, as políticas e as instituições podem fornecer essa ajuda. Estas afirmações poderão parecer inócuas, mas são de facto bastante controversas. Da forma que é interpretada pela escola de economia de Chicago, a fé na racionalidade humana está intimamente ligada a uma ideologia em que é desnecessário, e mesmo imoral, proteger as pessoas contra as suas escolhas. As pessoas racionais deverão ser livres e deverão ser responsáveis por tomar conta de si próprias. Milton Friedman, a figura de proa desta escola, expressou esta opinião num dos seus populares livros: Free to Choose. (541)
A assunção de que os agentes são racionais fornece o fundamento intelectual para a abordagem liberalizante à política pública: não interferir com o direito do indivíduo a escolher, a menos que as escolhas prejudiquem os outros. As políticas liberalizantes são ainda mais reforçadas pela admiração pela eficiência dos mercados, que fornecem bens às pessoas que estão dispostas a pagar mais por eles. Um famoso exemplo da abordagem de Chicago intitula-se A Theory of Rational Addiction; explica como um agente racional com uma forte preferência por uma gratificação intensa e imediata poderá tomar a decisão racional de aceitar uma futura viciação, em consequência disso. Uma vez ouvi Gary Becker, um dos autores desse artigo, e que é também um laureado com o Prémio Nobel pertencente à escola de Chicago, defender num tom mais despreocupado, mas não inteiramente a brincar, que deveríamos considerar a possibilidade de explicar a chamada epidemia da obesidade através da crença das pessoas em que a cura para a diabetes depressa será descoberta. Ele estava a exprimir um valioso ponto de vista: quando observamos as pessoas a agir de formas que nos parecem estranhas, deveríamos primeiro examinar a possibilidade de terem uma boa razão para o fazer. As interpretações psicológicas apenas deveriam ser invocadas quando as razões se tornam implausíveis - o que será possivelmente o caso da explicação de Becker para a obesidade.

Ibidem

quarta-feira, 23 de maio de 2012

Pensar depressa e devagar

Daniel Kahneman (Nobel de Economia),  Conclusões, in Pensar, Depressa e Devagar, Temas e Debates – Círculo de Leitores, sl 2012, 537-550

Conclusões
Comecei este livro com a apresentação de duas personagens ficcionais, passei algum tempo a examinar duas espécies e acabei com dois eus. As duas personagens eram o intuitivo Sistema 1, que executa o pensamento rápido, e o esforçado e mais lento Sistema 2, que executa o pensamento lento, monitoriza o Sistema 1 e mantém o controlo o melhor que pode, dentro dos seus limitados recursos. As duas espécies eram os fictícios Econs, que vivem na terra da teoria, e os Humanos, que agem no mundo real. Os dois eus são o eu da experiência, que vive a vida, e o eu da memória, que mantém o registo e faz as escolhas. Neste capítulo final, considero algumas aplicações das três distinções, tomando-as pela ordem inversa.
 
DOIS EUS
A possibilidade de conflitos entre o eu da memória e os interesses do eu da experiência revelou ser um problema mais difícil do que eu inicialmente pensara. Numa antiga experiência, o estudo da mão fria, a combinação da negligência da duração e a regra do pico e do final levou a escolhas que eram manifestamente absurdas. Por que razão as pessoas se haveriam de expor a uma dor desnecessária? Os nossos sujeitos deixaram a escolha ao seu eu da memória, preferindo repetir o ensaio (537)  que deixava a melhor recordação, apesar de implicar mais dor. Escolher através da qualidade da recordação poderá justificar-se em casos extremos, por exemplo, quando o stresse pós-traumático é uma possibilidade, mas a experiência da mão fria não era traumática. Um observador objetivo que fizesse a escolha no lugar de outra pessoa sem dúvida que escolheria a exposição mais curta, favorecendo o eu da experiência do sofredor. As escolhas que as pessoas fizeram por sua iniciativa poderão ser justamente descritas como erros. A negligência da duração e a regra do pico e do final na avaliação de histórias, tanto na ópera como na avaliação da vida de Jen, são igualmente indefensáveis. Não faz sentido avaliar uma vida inteira pelos seus últimos momentos, nem não dar peso à duração quando se decide que vida é mais agradável.
O eu da memória é uma construção do Sistema 2. Contudo, os traços distintivos da forma como avalia os episódios e as vidas são características da nossa memória. A negligência da duração e a regra do pico e do final têm origem no Sistema 1 e não correspondem necessariamente aos valores do Sistema 2. Acreditamos que a duração é importante, mas a nossa memória diz-nos que não é. As regras que governam a avaliação do passado são guias deficientes para a tomada de decisão, pois o tempo importa de facto. O facto central da nossa existência é que o tempo é o derradeiro recurso finito, mas o eu da memória ignora essa realidade. A negligência da duração combinada com a regra do pico e do final causa um enviesamento que prefere um curto período de intensa alegria a um longo período de felicidade moderada. A imagem invertida do mesmo enviesamento faz-nos temer mais um curto período de intenso mas tolerável sofrimento do que um período muito mais longo de dor moderada. A negligência da duração faz também com que nos inclinemos a aceitar um longo período moderadamente desagradável, se o final for melhor, e favorece a desistência de uma oportunidade de um longo período feliz, se for provável que venha a ter um mau fim. Para prolongarmos a mesma ideia até se tornar desconfortável, considerem a habitual advertência «Não faças isso, vais arrepender-te». O aviso parece sensato, pois o arrependimento antecipado é o veredicto do eu da memória e estamos inclinados a aceitar juízos desses como finais e conclusivos. Porém, não devemos esquecer que a perspetiva do eu da memória nem sempre está correta. Um observador (538) objetivo do perfil do hedonímetro, com os interesses do eu da experiência em vista, poderá bem oferecer um conselho diferente. A negligência da duração do eu da memória, a sua exagerada ênfase nos picos e nos finais e a sua suscetibilidade à perceção retrospetiva combinam-se para produzir reflexões distorcidas da nossa experiência presente.
Em contrapartida, a conceção da duração ponderada do bem-estar trata todos os momentos da vida da mesma forma, memoráveis ou não. Alguns momentos acabam por ser mais ponderados do que outros, ou por serem memoráveis, ou por serem importantes. O tempo que as pessoas passam a desfrutar um momento memorável deveria estar incluído na sua duração, aumentando o seu peso. Um momento pode também ganhar importância por alterar a experiência dos momentos subsequentes. Por exemplo, uma hora passada a ensaiar violino poderá potenciar a experiência de muitas horas a tocar ou a ouvir música, muitos anos depois. De modo semelhante, um breve acontecimento terrível que cause síndroma de stresse pós-traumático deverá ser ponderado pela duração total do sofrimento a longo prazo que cause. Na perspetiva da ponderação da duração, apenas podemos determinar após o facto que um momento é memorável ou significativo. As declarações «Vou para sempre lembrar...», ou «Este é um momento significativo» deverão ser tomadas como promessas ou previsões, que poderão ser falsas - e frequentemente são -, mesmo quando ditas com inteira sinceridade. Poderão apostar que muitas das coisas que dizemos recordar para sempre estarão há muito esquecidas passados 10 anos.

terça-feira, 22 de maio de 2012

Mais do que uma dúvida

Em Fevereiro, olhava, assim, para o juízo da ERC sobre o caso Rosa Mendes. A recente decisão tomada pela entidade reguladora, sobre tal assunto, como se depreende, não me surpreendeu nada. E, menos ainda, depois dela, o apelo de Miguel Relvas para que seja esta a decidir sobre a última embrulhada com o Público. Como se coubesse à ERC o veredicto político que o cidadão que acompanha, com o mínimo de atenção, tal polémica, formulará (ou, por certo, formulou). É ele que interessa. E não há cortinas de fumo que o substituam.

Dúvida metódica

Para Paulo Rangel, há uma dúvida que toda a recente ausência de solidariedade europeia expõe de modo especialmente embaraçoso, em um federalista (europeu): a paz europeia das últimas décadas deveu-se, claramente, à UE, ou, mais propriamente, ao clima de 'Guerra Fria'? Não se trata apenas de entre o 'desejo' e a 'realidade', no caso concreto, poder existir uma brecha. É que a resposta, num dado sentido, pode fazer antever nuvens negras sobre os dias do futuro.


Quanto às opiniões do eurodeputado, exemplar o texto de hoje, no Público, a propósito da 'condicionalidade' da atribuição de bolsas, a estudantes do ensino superior, ao pagamento parental dos impostos. A argumentação, sob o ponto de vista político, sociológico, jurídico e ético merece todos os encómios.

'Um coração inteligente' (II)

É neste ambiente contemporâneo de suspeição acerca da possibilidade comunicativa da arte, e evidenciado no atual desinteresse pelo estudo das Humanidades, que a afirmação de Finkielkraut sobre a literatura como aquilo que 'ilumina o mundo' ganha um peso de provocação que vale a pena considerar. No livro que publicou em 2009, Un coeur intelligent, o filósofo francês aborda nove diferentes autores literários, em busca do caminho que possa restaurar aquilo que ele considera ser a fractura pós-moderna entre razão e sentimento.  Partindo do pedido que  o rei Salomão coloca a Deus, no Livro da Sabedoria, que lhe seja concedido precisamente “um coração inteligente” Alain Finkielkraut afirma acreditar que - como explica numa recente entrevista (Rossi, 2010, p. 25) -, num século onde a razão foi escravizada ao particularismo do funcional ou à abstração generalista e impiedosa da ideologia, só a literatura pode responder à oração do rei Salomão:

Coração e inteligência devem voltar a falar entre si.  O perigo que corremos não está na falta completa de um ou da outra mas no seu divórcio: se coração e inteligência seguem cada um por sua conta, os efeitos são devastadores.  O século XX demonstrou-o, promovendo, por um lado, uma inteligência puramente funcional, de burocratas, e por outro lado, um sentimentalismo indiferente à pessoa singular.
E, por isso, conclui citando Hannah Arendt

Somente um 'coração inteligente', e não a mera reflexão ou o mero sentimento, nos permite viver com os outros num mesmo mundo. (396)

Colocada nestes termos, a proposta deste pensador parece contradizer a hipótese algo derrotista de George Steiner no que à incapacidade humanizadora da literatura diz respeito. É à separação entre razão e sentimento, por um lado, e à praxis ideológica, por outra, que Finkielkraut atribui as culpas da indiferença, em vez  de à arte. É a ideologia que divide os homens em tipos e os sacrifica à verdade que anunciam, continua  o filósofo:
Todos vimos onde leva a ideologia: ao propor estripar o mal, imobiliza  o coração. Como bem descreve Vasilij Grossman, chegamos a odiar em nome do amor.
Finkielkraut poderia ter igualmente citado T. S. Eliot quando, nos seus Coros de 'A Rocha', fala da tentação desmobilizadora da utopia, que cria homens que “sonham sistemas tão perfeitos que ninguém precise de ser bom”. Pelo contrário, a literatura não se preocupa com sistemas abstractos e grandiosos, mas antes “dá grande importância aos pormenores e acolhe  o que é banal e ordinário” diz Finkielkraut na mesma entrevista, ou seja, é precisamente ela que, a partir do pormenor, pode levar à captação e à compreensão do geral, já que a ela interessa  o ser humano na sua singularidade universal.
A fim de discutir “o que pode a literatura” Finkielkraut (2006) convida uma série de escritores e pensadores atuais, com os quais conversa acerca de questões tão pertinentes como “o poder do romance”, “o gosto dos Clássicos”, “o lugar dos poetas” e sobre grandes autores como Camus, Joseph Roth, Aharon Appelfeld, Coetzee, Celine, Aragon, Pasternak, Richard Hoggart, Roland Barthes, entre outros. O  livro onde publicou tais entrevistas é valioso para a compreensão desta sua defesa da literatura. Desde logo porque o filósofo insiste, desde  o primeiro momento, no valor cognitivo da arte literária, na sua capacidade de nos fazer manter o contacto, dentro do contexto de abstração democrática em que vivemos, com aquilo a que Bloom chama o “fenómeno humano”. Mas - perguntamos nós - bastar-nos-á o confronto com a multiplicidade imensa que assumem as diversas vivências do fenómeno humano para que possamos ceder ao seu fascínio, à sua força transformadora, e desta forma evoluamos enquanto seres humanos? Qual o mecanismo que pode fazer da leitura literária o lugar de uma “conversão” entendida aqui em sentido literal, como mudança de olhar?

Ibidem

segunda-feira, 21 de maio de 2012

'Um coração inteligente'

No seu recente discurso em Portugal, aquando da entrega das insígnias Honoris Causa pela Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa, George Steiner afirmou que a esperança na capacidade humanizadora das artes terminou para sempre perante o terrível espetáculo dos dois imensos conflitos europeus que foram as duas grandes guerras do século XX. E foi mesmo mais longe, referindo  o "genuíno momento de crise das Humanidades", para o qual as próprias Humanidades terão eventualmente contribuído. "É possível que as Humanidades nos tornem menos humanos", desafiou, na medida em que, embora possibilitando a criação de uma maior riqueza interior, paradoxalmente nos alienam da realidade, tornando-nos insensíveis às necessidades do nosso semelhante, as quais nos chegam sob uma aparência de fealdade, desordem, desconforto. É possível, exemplificou Steiner, que uma pessoa caminhe na rua ouvindo dentro de si os melodiosos acordes de uma sinfonia de Mozart, sendo indiferente aos pedidos de socorro de alguém caído na estrada.

Nas linhas que se seguem gostava de colocar-me interrogativamente perante este tremendo desafio, eventualmente formulável do seguinte modo: será verdade que a experiência da arte - ou, mais precisamente, neste caso, a experiência da literatura contribua, pela sua própria natureza, para  o fechamento do eu no seu prazer pessoal e, portanto, contenha em si mesma a semente de uma incomunicação última, a instigação a uma insensibilidade à experiência alheia, a poderosa sugestão de uma alienação do real, particularmente naquilo que ele contém de não assimilável esteticamente? Na tentativa de responder a esta pergunta decisiva afigura-se-me muito valiosa a contribuição de Alain Finkielkraut, em especial o conceito que dilucida na sua recente obra Un coeur intelligent e que sobressai em diversas entrevistas, nomeadamente nas que publica em Ce que peut la littérature.

Importa, no entanto, começar por situar brevemente  o debate atual acerca do valor da arte. A mesma tendência que levou às posições que defenderam a morte do autor e (395) o desconstrucionismo radical na literatura, bem como a negação autotélica do hors texte podem encontrar-se na arte contemporânea em geral, que tende a privar a imagem da possibilidade de representação. O quadro negro de Malevich pode ser visto como  o símbolo por excelência de uma arte que já não acredita em si própria, que manifesta uma vontade de ir para além de si mesma, que desconfia da beleza como critério e recusa a natureza como dado. Não é por acaso que Hans Sedlemayr fala da perda do Centro e da crise da Arte Moderna, ou que uma artista como Cecily Brown nega a própria arte, ou ainda que Baudrillard se refere ao Complot das artes. Ressalta destas posições o desencanto sobre a possibilidade de uma aliança verdadeira e fecunda entre a razão e o sentimento, o que tem como consequência a aposta, por um lado, no valor exclusivo do prazer e da emoção como dons solitários da experiência artística, e, por outro, na separação entre a escrita (ou qualquer outra forma de construção estética) e a leitura interpretativa da realidade. Obviamente que alguns artistas e pensadores têm sabido manter uma saudável distância crítica em relação às versões mais excessivas destas concepções. René Wellek (1990), por exemplo, insiste em que algum tipo de autoridade tem de residir no texto, algo a que chama uma "estrutura de determinação" a qual impede a pluralidade aleatória de interpretações, que  é o mesmo que dizer, o valor nulo da interpretação. Mas estas vozes não podem deixar de ser vistas como sinais isolados num universo que se tem encaminhado maioritariamente para a separação entre a arte como construção que remete para si própria e a vida como existência paralela, intocável pela criação estética.

Maria do Rosário Lupi Bello (Universidade Aberta mrlupibello@gmailcom) , "Um Coração inteligente": discutir a Literatura sob  o Olhar de Finkielkraut, in João Amadeu Silva, José Cândido Martins, Miguel Gonçalves (Orgs.), Pensar a Liter@tura  no Séc. XXI, Publicações da Faculdade de Filosofia, Universidade Católica Portuguesa, Edição Aletheia, Braga 2011, 395-401.

domingo, 20 de maio de 2012

'De onde vem a criatividade' (III)

CODA


No verão de 1981, Penn e Teller eram aspirantes a ilusionistas que exerciam a sua arte no circuito das feiras medievais apresentando um conjunto de truques medíocres para crianças. Usavam trajes embaraçosos, umas vestimentas com collants pretos, capas de veludo roxo, coletes de cabedal falso e cintos feitos de corda. Estavam frustrados e cansados. fartos de andar na estrada. «Eu estava definitivamente prestes a desistir do sonho de ser ilusionista... conta Teller. «Estava pronto para voltar para casa e tornar-me professor de latim no liceu.»[1]
Mas então, quando o desespero começava a apossar-se dos dois ilusionistas, aconteceu uma descoberta num restaurante de beira da estrada. Enquanto esperavam pela refeição, Teller decidiu praticar a sua versão dos copos e bolas, um truque de prestidigitação clássico criado por esconjuradores na Roma antiga. O mágico começa por colocar três bolinhas debaixo de três copos. Depois, inicia uma série de desaparecimentos e transposições, fazendo sucessivamente aparecer e desaparecer as bolas. Quando o espetador assume que sabe onde a bola está - está dentro do copo! -, o ilusionista mostra que a bola está noutro lado qualquer. «Este truque é feito em todo o mundo», diz Penn. «Se vir um tipo a fazer truques para ganhar dinheiro na rua, provavelmente está a fazer o truque dos copos e bolas.»
Mas Teller estava num restaurante - não tinha ali a mala dos acessórios de magia. E por isso usou o que tinha: guardanapos amarrotados a fazer de bolas e copos de plástico transparentes. A epifania aconteceu a meio do truque. Embora fosse possível seguir as bolas de papel de copo para copo. a ilusão mantinha-se. «0 olhar conseguia seguir os movimentos, mas a mente mo os conseguia compreender». diz. «Mesmo revelando o truque, não revelada nada, uma vez que as pessoas não conseguiam entendê-lo.» Como os observadores eram literalmente incapazes de perceber a prestidigitação - os dedos de (247) Teller eram demasiado rápidos -, não interessava se os copos eram transparentes e os guardanapos se viam.
Penn e Teller introduziram esta versão dos copos e bolas no seu espetáculo itinerante. Foi  um  tremendo sucesso. Não tardou muito até se apresentarem com copos de plástico transparentes no programa televisivo de David Lettennan e atuarem perante salas esgotadas em Nova lorque. Nas décadas seguintes, Penn e Teller tornaram-se dois dos ilusionistas de maior sucesso a nível mundial - hoje têm o seu próprio teatro em Las Vegas e  um  armazém secreto próximo de Las Vegas Strip onde desenvolvem novos truques. («Já não preciso de ter as minhas ideias em restaurantes», diz Teller.) Apesar de tudo,  a popularidade não lhes retirou o espírito vanguardista: Penn e Teller continuam determinados a desconstruir a sua própria magia. No seu atual espetáculo,  por exemplo, é frequente Penn revelar o segredo em voz alta enquanto Teller está a realizar a ilusão: «Isto é   um  fio invisível!», pode dizer, ou: «É só  um  espelho!» De acordo com os ilusionistas, esse «número cético» teve origem no restaurante, quando Teller foi obrigado a fazer magia com as únicas coisas que ali havia. «Em muitos aspetos, aquela simples ideia dos copos transparentes acabou por representar o que estamos a tentar fazer», diz Teller. «A razão pela qual hei de sempre adorar a nossa versão [dos copos e bolas] é que, mesmo quando revelamos o truque - não escondemos nada -,  a magia continua lá. De facto, a ilusão tem ainda mais significado porque nos apercebemos de que está tudo na nossa cabeça.  Não há nada especial naqueles copos e guardanapos. A magia vem da mente
A criatividade é como esse truque de magia. Pela primeira vez, conseguimos ver a fonte da imaginação, aquela rede maciça de células elétricas que nos permitem constantemente formar novas ligações entre ideias antigas. No entanto, este novo conhecimento só torna o ato em si ainda mais surpreendente. O momento da intuição pode ter origem num circuito obscuro do hemisfério direito, mas isso não diminui a emoção de ter uma ideia nova no chuveiro. E só porque conseguimos seguir o fluxo de neurotransmissores, medir a correlação entre a velocidade a pé e a produção de patentes, ou quantificar (248) o efeito da rede social, o processo não deixa de constituir uma verdadeira maravilha. A imaginação tem sempre  um  quê de miraculoso.
Porém,  esta sensação de magia não deve impedir-nos de tentarmos ser mais criativos. Graças à  ciência moderna, temos a felicidade de ter uma vantagem criativa sem precedentes, uma meta-ideia que todos podemos aplicar no plano individual. Pela primeira vez na história humana, é possível saber como funciona realmente a imaginação. Em vez de nos basearmos no mito e na superstição, podemos pensar em dopamina e divergência, no hemisfério direito e em redes sociais. Este autoconhecimento é um  conhecimento extremamente útil; como começamos a identificar os catalisadores por detrás da nossa criatividade, podemos certificar-nos de que estamos a pensar da maneira certa no momento certo, de que estamos a utilizar em pleno esta espantosa ferramenta que temos na cabeça. (Não há meta-ideia mais importante do que conhecer a origem de cada ideia.) Se queremos aumentar os nossos poderes criativos, temos de pôr esta investigação em prática nas nossas próprias vidas. Conseguimos imaginar mais do que pensamos.
0 processo inicia-se no cérebro,  esse tecido que é uma fonte de possibilidades. E apesar de as pessoas há muito assumirem que a imaginação é uma só coisa,  ela é na verdade  um  talento que assume formas diversas. Às vezes temos de relaxar no duche, outras vezes precisamos de uns goles de cafeína. Às vezes temos de nos deixar ir,  e às vezes temos de fugir do que sabemos. um  momento certo para cada tipo de pensamento.
Mas o cérebro é apenas o começo. Sabemos agora que a criatividade é também uma propriedade emergente do encontro entre pessoas. Ao colaborarmos uns com os outros,  devemos procurar o nível ideal de Q, tal como os artistas de West Side Story. O brainstorming pode ser gratificante, mas a crítica construtiva é sempre melhor; todas as empresas precisam de um equivalente à casa de banho da Pixar,   um  espaço que obriga os colaboradores a interagir como se estivessem numa cidade densamente povoada. E temos de acertar com as nossas meta-ideias para não inibirmos a nossa imaginação coletiva. Devemos aspirar ao excesso de genialidade. (249)
Mas também temos de ser honestos: o processo criativo nunca será fácil, por mais que saibamos sobre neurónios, cidades e Shakespeare. As nossas invenções serão sempre ensombradas pela incerteza e pela contingência, pelo acaso puro das células cerebrais a estabelecerem novas ligações. A ciência da imaginação não cabe facilmente num diapositivo de Power Point, e não pode ser resumida num subtítulo. (Se a criatividade fosse assim tão fácil, o Picasso não seria famoso.) Apesar de todos os estudos inteligentes e todas as experiencias rigorosas, o nosso talento mental mais essencial permanece  um  perfeito mistério.
0 mistério é este: apesar de a imaginação se inspirar no mundo quotidiano - nas suas falhas e belezas - somos capazes de ver para além das nossas fontes,  de imaginar coisas que existem apenas na mente. Reparamos numa lacuna e conseguimos colmatá-la; as falhas das coisas tornam-se  uma fonte de luz. E assim,  a esfregona transforma-se no Swiffer. O Tin Pan Alley torna-se o berço de Bob Dylan e uma tragédia banal torna-se no Hamlet. Todas as histórias criativas sao diferentes. E todas as histórias criativas sao iguais. Não havia nada. E agora há uma coisa. Parece magia.

Ibidem