segunda-feira, 31 de outubro de 2011

Política e compromisso

Para os fãs do Tea Party:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/suenos/urnas/elpepiopi/20111029elpepiopi_12/Tes 


O que mostra, no meu entender, a arte política de alguém prende-se, precisamente, com a capacidade que tem de não se colocar de fora por (exclusiva/excludente) afirmação de uma absoluta pureza doutrinária, sem, contudo, em nome do compromisso, acabar a governar com o programa do 'outro' - para isso, para que foi eleito? O compromisso de Obama, há poucos meses, na vigésima quinta hora, com os republicanos, colocou, com inquietude, esta segunda parte da questão, de modo premente. Ser-se 'democrata' e terminar a governar 'republicano' não adianta coisa nenhuma. Avanços reais, negociação, uso da prudência e moderação - com certeza; capitulação, nunca.

Ainda o Jesus histórico


Ainda a propósito do “Jesus histórico”, uma das coisas que mais me interpelou nas leituras sérias que fiz sobre ele, nos últimos anos, foi o tópico da “consciência messiânica de Jesus”. Isto é, se Ele tinha, ou não, tal consciência. E se os apóstolos O viam como tal (ou não; antes da ressurreição). Antes de ter procedido a tais leituras, dava essa consciência por adquirida. - as nossas catequeses, as nossas catequeses...Mas, depois, constatei que há um amplo debate sobre o tema. Uma coisa é Jesus saber que tinha uma missão (junto de Israel, desde logo), ou ter discípulos, como muitos mestres/rabis tinham; outra, ser (absolutamente) claro para Jesus e os apóstolos quem Ele era. Mais difícil, ainda, se pensarmos que pode haver formulações pós-pascais – aí, sim, já os apóstolos sabiam de certeza vista/sentida/racionalizada que Jesus era o Cristo – nos Evangelhos, relatando episódios pré-cruxificação de Jesus, mas já com uma leitura de fé (assente nos factos, de ressurreição, posteriores; sabendo-se que os Evangelhos são escritos décadas d.C.). Somos os continuadores, os que cremos em Cristo, da fé clara desses apóstolos, após a ressurreição. Sem nenhum medo da verdade. Com a confirmação dessa verdade.

Podia ter sido de outra maneira


Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo. Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos. La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el "hada de la confianza". Bueno, vale, era yo.Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la "consolidación fiscal".Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores). Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.
Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. "Las cosas podrían haber ido mucho peor" puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.
 Paul Krugman, ElPais, 30/10/11

Modos de interpretar

Dada a polémica dos últimos dias, recupero, hoje, um texto escrito e dito, por mim, para um reparo do dia, em 2009, que se seguiu à discussão da obra Caim, de Saramago. Com o abismo de distância - e o devido respeito - que vai deste escritor ao homem do momento.


A interpretação da Bíblia e a Igreja

Data de 1993 um importante documento da Pontifícia Comissão Bíblica sobre a Interpretação da Bíblia na Igreja. Sublinhe-se: interpretação. Nesse texto, a abertura ao trabalho exegético, a essa arte de encontrar e explicar o verdadeiro sentido de um texto é indiscutível e inequívoca. Métodos de interpretação a explorar: histórico-crítico, diacrónico, sincrónico, narrativo, semiótico e retórico. A liberdade de investigação, no interior da Igreja, fica, pois, aqui, bem patente.
Data de 1962-1965 a realização do Concílio Vaticano II. Aí se definiu de modo cristalino: é a Igreja que é serva da palavra e não o inverso. A Igreja apresenta-se, pois, como instrumento. Instrumento ao serviço da experiência narrada e encerrada nesta palavra.
Os comentários, irónicos, afirmando que finalmente, com a polémica em torno da apresentação de Caim, de José Saramago, a Igreja abandonara uma posição literalista na abordagem das Escrituras, não tem qualquer relação com a verdade. Essa leitura literalista não só não existe, como existia já.
Data, dessa autêntica biblioteca que é a Bíblia as primeiras interpretações: textos bíblicos que se sucedem a outros e os reinterpretam, cruzam e reelaboram, comentam. Depois, as primeiras traduções implicam – como toda a tradução – um esforço de procurar dizer o mesmo – noutra língua – e aí está todo um esforço interpretativo. Desde os primeiros séculos da nossa era.
Que essa interpretação levanta problemas é evidente: um grande desfasamento entre os avanços nas ciências humanas e nas descobertas hermenêuticas, nas faculdades de teologia, e, depois, a pastoral e a apropriação concreta pelos fiéis. Basta assistir a pequenos seminários com o fiel mais comum para se perceber o muito de fundamental que se desconhece. Como diz Tolentino de Mendonça, a teologia, mesmo nas nossas livrarias e bibliotecas, tem estatuto de clandestinidade, o que mais do que sobre os crentes desta ou daquela confissão religiosa, diz sobre o nosso atraso cultural. A verdade é que como refere William Blake, a Bíblia é o grande código da cultura ocidental: a arte – da pintura à música – tem-na por decisivo substracto, por narrativa fundamental, ao longo dos séculos. Não a conhecer é, pois, uma perda irreparável também do ponto de vista estético.
Também é verdade que a pluralidade de metodologias implica que dificilmente possamos colocar as coisas em termos de uma leitura (exclusiva) correcta da Bíblia (o que também é diverso de cada um interpretar como lhe der na gana). Voltando a Tolentino de Mendonça, em A Leitura infinita – Bíblia e Interpretação: “Não há uma leitura exclusiva da Bíblia. O grande perigo é acharmos que existe ‘a’ leitura. O que existe são leituras. É preciso sentir que a palavra ama esconder-se. A palavra é um horizonte para onde se caminha, mas a palavra está sempre além, fica sempre por dizer. A palavra é um interdito. Conseguimos dizer, entre as nossas palavras, a palavra. Muitas vezes é o silêncio o que melhor traduz a experiência que nós temos da leitura da palavra”.
Caim é um episódio, ou melhor, um personagem do Antigo Testamento. Se alguma vez reflectimos por que certas obras se tornaram referências – da Odisseia, de Homero, ao Hamlet, de Shakespeare – certamente que constatámos que isso se deve, antes de mais, às qualidades intrínsecas da obra, sejam elas éticas ou estéticas (ou ambas). Mas também pensámos, seguramente, naqueles que as seleccionam (de entre as demais). Quem constrói o padrão, o cânone.
Harold Bloom é, bem o sabemos, um dos críticos literários mais respeitados e conhecidos no mundo e um dos responsáveis, pois, por esse cânone. Disse ele de Saramago, como por estes dias lembrava Carreira das Neves, ou como no mesmo sentido se pronunciava Umberto Eco, no prefácio à edição italiana de Os cadernos (penúltima obra de Saramago) que este é talvez o maior – o único genial (sic) – romancista vivo. Por outro lado, os mesmos que entendem que há provincianismo na admiração pelo Nobel (por ser Nobel) são, muitas vezes, os que pretendem caucionar um dado sistema – social-cultural-académico – por ele ‘produzir’ – passe a expressão – muitos Nobel.
O que constato, por fim, é que os que trazem à colação o argumento de autoridade, com Bloom, em defesa de Saramago – noutros casos, com inteligência, como fez Carreira das Neves, por contraponto a uma espécie de Diácono Remédios, o eurodeputado Mário David – se esquecem de notar que na obra Onde está a Sabedoria? o crítico literário faz a primeira entrada nesse mundo sapiencial através dos hebreus – pela sabedoria prudencial e céptica, herdada, com certeza, diz, de egípcios e sumérios – e vai direitinho ao livro de Job e ao Ecclesiastes.
Ora, se a sabedoria passa por aqui – pelos dois livros acabados de citar – quem nega, de modo infantil, a importância de, em permanência, revisitar esses textos e, ao mesmo tempo, exalta Bloom está, no mínimo, a cair no pecado da incoerência. E, bem interpretado, a contrario, se a sabedoria está, igualmente, e antes dos gregos, no Antigo Testamento – e os crentes tendem para essa abordagem global das Escrituras, inter-relacionadas entre si – quem manda desviar este das crianças está, afinal, a afastar-se dessa mesma sapiência.

Pub: 5ªfeira nas bancas

http://videos.sapo.pt/ZZbN0dlpZnlLo3Z091B7

Ler não é antiquado

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Democratizacion/odio/intelectual/elpepiopi/20111031elpepiopi_13/Tes

Por Vila Real (IV)


14- Regressemos ao estudo macro-económico indagador da possibilidade de emergência de um cluster de indústrias criativas, a Norte do país. Por que são ali descritas como soluções as actividades, referidas, a concretizar no Básico e Secundário?
Estando no domínio económico, sobretudo por dois motivos: para que se estimule a produção criativa (no fundo, para que se “criem” artistas, agentes culturais), mas, não menos importante, para que se possa gerar público (suficiente) interessado em exposições, concertos, teatro, cinema, etc., capaz de aderir a tal “produção”; numa palavra, para que haja “consumidores”. “Produtores” e “consumidores”, para que haja “indústria”.
15 – Embora dominados pelo jargão económico – estamos sempre a utilizar conceitos como “mais-valia”, “activos”, “passivos”, etc. – creio que o ponto de partida da educação pela arte bem poderia ser o despertar dos sentidos e da sensibilidade, a procura da Beleza e do Bem, da Verdade, o alargamento de horizontes, a quebra de preconceitos, o respeito pelo passado, o espírito crítico, a busca da justa medida, ganhar mundo, criar silêncio, procura da transcendência…
Ou então dar aquela resposta, magnífica, como justamente assinalou João Pereira Coutinho (no Expresso), que a pianista portuguesa Olga Prats transmitiu num imperdível Pessoal e Transmissível (TSF): o que me dá a música? A música nunca me falhou. Já houve pessoas que nos falharam, pessoas que inclusivamente desapareceram (faleceram), mas a música nunca me falhou. Na conseguida síntese do cronista, a música como o livro. Os amigos que não tivemos, os sonhos que não sonhámos. O lugar onde nunca estamos sós. É isso o que a música, o livro nos dão. Em vez da proposta técnica que encima este parágrafo, própria de caninos – diria Coutinho – esta melodiosa e autenticamente humana asserção de Prats.
Alargamento dos modos, das possibilidades de ser, é, ainda, teleologia que surge, lendo as Presenças Reais, de Steiner, como bem assente à diversidade cultural que a educação artística forneceria. Penso nisto, nesta dimensão pública de Educação, mas ainda na dimensão privada da mesma, porque aí, igualmente, de forma pensada ou inconsciente – e para mim, melhor se racionalizada – manifestamos um dado ideal – o nosso – de Homem (com os constrangimentos que cada realidade, de cada um, oferecerá, naturalmente).
E fito Aristóteles, e o bom julgador, na Ética a Nicómaco: “bom juiz é quem passou por um processo de educação acerca de tudo”.
16- Seria injusto não reconhecer: a densidade populacional é factor extraordinariamente relevante para a criação de uma ecologia criativa. O estudo refere esse dado. Ao mesmo tempo, porém, cita o festival de curtas-metragens, de Vila do Conde, como um evento de dimensão europeia; o festival de animação de Espinho, reconhecido internacionalmente; a festa de rua de Santa Maria da Feira como a maior da Europa. E em matéria de elogios, os autores do paper não deixaram passar em claro a recuperação e transformação de uma antiga fábrica em S.João da Madeira em um fervilhante centro de incubação de indústrias criativas (e, claro, a comparação com a situação, anos a fio, do “Hotel do Parque”, em Vila Real, favorecendo, ao longo dos tempos, actividades ilícitas e a feia grafitização do local – certamente ilícita, também – inevitável para nós: não poderia ser aquele um espaço incubador de criatividade?). Marcas registadas. E se deixássemos o estudo, e as referências nortenhas, sempre ressaltaríamos o festival Músicas do mundo, em Sines – revitalizador de toda uma cidade, mesmo ao nível arquitectónico – a festa de artesanato da feira do Chocolate, de Óbidos (a que juntaríamos a ópera ao ar livre, a feira medieval), o Festival de cinema de Tavira…
Se é preciso que os que nunca tiveram oportunidade de aceder a´Os Pássaros, de Hitchcock e, a partir dele, a uma dialéctica com as decisivas reflexões sobre o mal e a culpa, por parte de Hannah Arendt ou Santo Agostinho; se é preciso mostrar a que ponto radical coloca Kubrick a impossibilidade de (re)aprendizagem e (re)educação, em Laranja Mecânica; o modo extraordinário como Fritz Lang “desconstroi” o nacional-socialismo, em O Testamento do dr.Mabuse; o real/irreal, as máscaras do quotidiano, os deuses ex-machinas, o voyeurismo, o misterioso como franqueador de uma raiva incontida por uma ausência tão dorida, em Persona, de Bergman; ou essa extrema denúncia do fascismo, controlador de corpos e mentes, em Saló, de Pasolini – para dar apenas alguns exemplos – possam dispor dessa mesma possibilidade – o DVD com o filme de Kubrick, vindo de mencionar, encontra-se disponível na Biblioteca Municipal – é também para que possamos fixar, ao mesmo tempo, entre nós, aqueles a quem se convencionou chamar “sectores mais dinâmicos da sociedade”.
É preciso que tenhamos a noção: Vila Real perde, semanalmente, gente que vai até à animação de Ourense; que arrisca a música clássica em Corunha, se a festa do emigrante é entregue a Quim Barreiros; percebe a movida de San Tiago de Compostela como bem mais atractiva e estimulante; está disposta a aventurar-se no festival de Teatro de Mérida, para ver e sentir os clássicos gregos que por cá não passam. A Galiza, fronteira imediata, apresenta uma oferta cultural que um público mais exigente preferirá, em absoluto, a uma letargia que não perceba os desafios que importa vencer. Vila Real ganhou, nos anos mais recentes, um conjunto de equipamentos culturais bem apetrechados, modificando, sem dúvida, o panorama de marasmo entorpecedor em que se vivia. Alguns protagonistas e obras de grande qualidade ficaram acessíveis. Billy Cobham, Lizz Wright, Andy Mckee, Dulce Pontes, Diego Figueiredo, Eunice Muñoz… A cidade aderiu a esta viragem. Mas importa reconhecer que não chega. As lacunas, aqui identificadas, em domínios como o teatro, o cinema, a discussão pública, entre outras, se não colmatadas, afastarão os mais aptos da “sociedade da informação e do conhecimento” e contribuirá para a diminuição da “massa crítica” disponível. A cidade beneficiaria, ainda, para permanecermos em terreno económico de uma “vantagem competitiva” que a singularizasse (e que não fosse cópia do existente). É essa a demanda dos que “lideram e habitam” a cidade.

domingo, 30 de outubro de 2011

Perguntar


Ao afirmar que o salário mínimo nacional só pode aumentar com o aumento da produtividade, tem noção de que está a interpelar-se a si próprio, pois é responsável por uma política que diminui recessivamente a produção? E que essa contracção afecta o que há de mais essencial na produtividade, a criação de riqueza? Ou pretende alcançar a produtividade por pura aritmética, isto é, por um aumento do desemprego ainda mais grave do que a regressão do produto?

José Reis, em pergunta para Álvaro Santos Pereira, no Público de hoje.

Do protesto à proposta


Robert B. Reich, após fazer o vasto diagnóstico, tão retratado, neste blog, quanto possível, ao longo da semana, funda o conjunto de propostas que deixa ao espaço público, em duas premissas fundamentais: i) uma, de natureza económica, a saber, “a menos que as classes médias da América recebam um justo quinhão, não conseguirão consumir uma parte significativa daquilo que a nação é capaz de produzir, pelo menos sem se endividar. E a dívida a esta escala é insustentável”; ii) outra, de carácter político, ou seja, “a desigualdade agravada, a par de uma perceção crescente de que os grandes negócios e Wall Street estão conluiados com o governo controlador com vista a tornar os ricos ainda mais ricos, alimenta os demagogos da extrema-direita e da extrema-esquerda. Estes adquirem poder ao transformar as ansiedades económicas do público em ressentimento contra pessoas e grupos em particular. Isolacionistas e nacionalistas, muitas vezes racistas, e dispostos a sacrificar a prosperidade generalizada em prol de conseguirem os seus fins, tais demagogos e os movimentos que inspiram podem ser deveras nocivos [Reich deixa-nos um capítulo ficcional a descrever esse governo populista de 2010]”.
Portanto, Robert B. Reich prefere razões de ordem estritamente pragmáticas, a outras, como, por exemplo, os argumentos de índole moral ou assentes em questões de segurança.
Assim, e sintetizando, Reich propõe nove medidas para a mudança: Um imposto de rendimentos invertido [basicamente, para a classe média, em vez de lhes ser retirado dinheiro dos ordenados para pagar impostos ao governo, ser-lhes-ia acrescentado dinheiro pelo governo. Os trabalhadores a tempo inteiro que ganhem 20 mil dólares, ou menos, receberiam um suplemento salarial de 15 mil dólares. Isto custaria ao Estado norte-americano 633 mil milhões de dólares directamente, e outros mil milhões por via da perda em impostos. Para substituir estas receitas, criar-se-ia uma taxa sobre o carbono e impostos mais elevados para os cinco por cento de rendimentos mais elevados]; uma taxa de carbono [tributando os combustíveis fósseis (carbono, petróleo, gás) com base na quantidade de dióxido de carbono que estes combustíveis contêm]; taxas tributárias marginais mais elevadas para os ricos [“segundo a minha proposta, os rendimentos de mais-valias de capital não seriam tratados de forma diferente da dos que procedem de salários e honorários (…) Os quatrocentos contribuintes de maiores rendimentos em 2007, cada um com um rendimento médio de mais de 300 milhões de dólares, pagou apenas 17 por cento dos seus ganhos totais em impostos nesse ano, porque a maior parte foi tratada como ganhos de capital. Isto é troçar do ideal de um sistema fiscal progressivo (…) Os chamados adeptos da oferta gostam de afirmar que as descidas de impostos de Ronald Reagan, em 1981, foram a causa da expansão económica dos anos 1980. Não há quaisquer provas em favor desta pretensão. Na verdade, essa expansão seguiu-se ao aumento de impostos aplicado por Reagan em 1982. Também a expansão dos anos 1990 não resultou de uma descida de impostos; a tendência mais acentuada seguiu-se ao aumento das taxas por Bill Clinton em 1993. A minha proposta não é uma redistribuição estilo Robin Hood. Os suplementos salariais e as reduções de impostos que proponho para a classe média permitir-lhe-ia gastar mais, e essa despesa ajudaria a fazer evoluir a economia para a sua máxima capacidade e para um crescimento sustentável. Consequentemente, as empresas beneficiariam de lucros mais elevados e a Bolsa animar-se-ia. Embora os ricos pagassem impostos mais elevados e recebessem, portanto, uma parte um pouco mais pequena dos ganhos globais da economia, esses ganhos globais seriam muito mais avultados do que de outra maneira”, 156-158]; um sistema de reemprego em lugar de um sistema de desemprego [naquela que é, para mim, a mais interessante e inovadora proposta feita por Robert B. Reich, o nosso autor sustenta: “o velho sistema do subsídio de desemprego foi concebido para aguentar as pessoas até conseguirem recuperar os seus empregos após um período desfavorável. Actualmente, a maioria daqueles que perdem o emprego nunca o recuperam e as filas de desempregados a longo prazo estão sobrelotadas. As pessoas que ficam desempregadas por longos períodos têm dificuldade em regressar ao mercado de trabalho e esgotam os recursos familiares. Níveis elevados de desemprego a longo prazo constituem uma pressão excessiva nas nossas redes de segurança. Aquilo de que necessitamos é de um sistema de reemprego que acelere e aplaine o caminho para que aqueles que ficaram desempregados encontrem novos postos de trabalho. Um componente desse sistema de reemprego seria um seguro de salário. Qualquer desempregado que aceitasse um novo trabalho que remunerasse menos que o anterior teria direito a 90 por cento da diferença durante um período até dois anos. Passados dois anos, muitos trabalhadores teriam adquirido a necessária formação profissional na área para serem suficientemente produtivos e justificarem salários quase tão altos como os que tinham no emprego que perderam anteriormente. O seguro de salário aceleraria a colocação de trabalhadores despedidos em novos postos de trabalho, pois estimulá-los-ia a aceitar empregos com menores salários em lugar de esperarem pelos que pagassem tanto quanto os que haviam perdido. Deste modo, poupar-se-ia nos custos com o subsídio de desemprego e gerar-se-iam receitas adicionais, visto que os trabalhadores recolocados voltam a pagar impostos, o que não aconteceria de outro modo. Aos trabalhadores que carecem de aptidões adicionais ser-lhes-ia proporcionado um rendimento de apoio no valor de 90 por cento do seu anterior salário com duração máxima de um ano, enquanto o trabalhador frequenta a tempo inteiro programas certificados de formação ou educação]; Cheques-ensino baseados no rendimento familiar [Reich acredita na competição entre escolas, na escolha da escola, na contratação dos professores deixada só às escolas, algo que o centro-esquerda europeu não tende a aceitar muito bem, nomeadamente o nosso centro-esquerda]; Empréstimos para o ensino superior associados a proventos subsequentes [“é preciso mudarmos a maneira como a formação universitária é financiada na América. As propinas deveriam ser gratuitas em todos os institutos e universidades públicos. Os estudantes que optem por frequentar uma universidade privada deverão poder candidatar-se a um empréstimo federal. Aos graduados pelas instituições públicas de ensino superior, e beneficiários de empréstimos federais, deverá exigir-se que paguem uma percentagem fixa – digamos 10 por cento – dos seus rendimentos colectáveis, durante os primeiros dez anos de emprego a tempo inteiro, a reverter para um fundo que financie institutos e universidades públicos e disponibilize empréstimos a estudantes que frequentem estabelecimentos privados. Depois disso, os licenciados não terão mais obrigações; os empréstimos considerar-se-ão integralmente pagos. Desta forma, os diplomados que se dedicassem a ocupações de baixa remuneração, como a assistência social, o ensino ou serviços jurídicos seriam subsidiados por diplomados que seguissem carreiras altamente rentáveis, como a gestão, as finanças e o direito empresarial”, 162]; Medicare para todos; Bens públicos [deverá verificar-se um aumento acentuado de bens públicos, como transportes públicos, parques públicos e instalações recreativas, museus e bibliotecas públicos (…) um sistema alargado de transportes gratuitos, por exemplo, incluindo ferrovias de alta velocidade, reduziria drasticamente os engarrafamentos de trânsito – que se estimam custar aos americanos mais de 85 mil milhões de dólares por ano em horas e combustível desperdiçados, além das emissões de carbono. Os benefícios valem bem o custo.”]; O dinheiro afastado da política.